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6/5/2006

Fuente: INFOFAX

Radio Rivadavia
Reportaje: Julio César Grassi -Sacerdote-

Antonio Carrizo: Padre Grassi, buenos días.

Julio César Grassi: Buenos días, Antonio.

Antonio Carrizo: Padre, lo saluda Tomás Del Duca.

Tomas Del Duca: Padre, ¿en qué etapa está del juicio?

Julio Cesar Grassi: Bueno, el tres de julio comienza el juicio oral.

T.D.C: ¿Y como se ve frente al juicio oral el padre Grassi?

J.C.G: Me veo como fuera de lugar porque yo creo que no tengo nada que ver con una cosa así. Yo pienso que para mí todo esto es una prueba, una cruz, pero algo que no es mío, y me decido a llevarlo a cuestas. Hay que afrontarlo como todo ciudadano que tiene que encarar una situación así sin ningún tipo de privilegios como se ha visto, porque he pasado por todas y un poco más. Entonces lo voy a vivir como corresponde.

T.D.C: Un sacerdote siente a veces un poco de soledad pero la inactividad a veces lo hace más solo. ¿En que se equivocó el padre Grassi si tiene que hacer un poco de análisis?

J.C.G: Bueno, a la primera parte de la pregunta con respecto a la inactividad, primero la Iglesia no me suspendió, la Iglesia no me dio ningún castigo porque cuento con el total apoyo de la Iglesia y creo que ese es un signo importante. Normalmente cuando hay sospechas de que un miembro de la Iglesia tenga determinada culpa se lo suspende como esperando a ver qué pasa, yo no he recibido una sola sanción de la Iglesia y estoy desarrollando mis tareas con silencio de radio, o sea, tratando de bajar un poco el perfil pero trabajando como siempre, y trabajando por la Fundación. O sea, yo no he abandonado la Fundación, desde el año 2000 que no soy el Presidente, que la presidencia la fueron ocupando otras personas, en principio Raúl Portal y ahora hay una hermana, pero de ahí en adelante mi actividad es plena.

T.D.C: Salvo el contacto con los chicos.

J.C.G: El contacto con los chicos no me lo prohibió el Juzgado, o sea, con determinados horarios y la presencia de una persona que garantice que yo esté realizando las actividades y que -digamos- romper las reglas del juzgado. Pero bueno, en Capital Federal nosotros tenemos hogares y en el resto del país también. Y en provincia por una decisión administrativa de la secretaría de niñez y adolescencia, no puedo tener contacto con los chicos de los hogares en provincia de Buenos Aires, o sea, que esta resolución pasó por encima a la Justicia. Y bueno, la estoy tratando de pelear judicialmente pero ya prácticamente se acerca el juicio oral y creo que ya no hay tiempo ni siquiera de pelearlo. ¿No?

A.C: ¿Qué queda de los primeros protagonistas de este ya largo episodio del que usted ha sido el protagonista principal o el nombre principal? ¿Que queda de aquel panorama de protagonistas, de aquella lista de protagonistas, testigos, periodistas? ¿Siguen todos? ¿Cómo es el asunto?

J.C.G: Mire, yo tengo una restricción judicial por la que no puedo hablar de quienes en su momento me acusaron. Pero sí lo que puedo llegar a decir es que las denuncias son endebles y que hay que tratar de esclarecerlas dentro del juicio oral. Lo que no entiende la gente, y esto presta confusión y quisiera brevemente explicarlo, es el sistema de la provincia de Buenos Aires, el sistema judicial de la provincia de Buenos Aires. En la provincia de Buenos Aires la fiscalía cuando recibe una denuncia ¿qué tiene que hacer? Tiene que investigarlo y puede no recibir pruebas de la defensa. O sea, la fiscalía puede cercenar a la defensa en la presentación de sus pruebas. ¿Y qué es lo que hace la fiscalía? Ve si existe la persona damnificada o supuestamente damnificada, si existen elementos históricos como para decir que eso pudo haber ocurrido, y en caso de que vea una cierta sospecha manda a juicio oral. ¿Para qué se hace juicio oral? Para que los juicios no sean tan largos, para que no se generalice un escarnio sobre la persona con mucho tiempo porque inclusive algunos están presos. Entonces ¿qué sucede? Por un lado tiene esa ventaja pero por el otro lado tiene una desventaja, que por una cosa pequeña, por una sospecha pequeña a una persona la ponen dentro de la máquina judicial y si a eso se le suma la presión de medios de comunicación y la publicación constante de los medios de comunicación cuando una denuncia es tan pesada como la que me hicieron a mi, y se produce como una especie de escarnio y de castigo a cuenta que le puedo asegurar que es muy difícil de sobrellevar. Cuando el juicio oral debiera de ser como un juicio rápido termina siendo como una especie de castigo ir a juicio oral.

T.D.C: ¿Usted cree que le tocó a usted como le tocó a otros sacerdotes? A veces se castigó mucho a los sacerdotes pero da la sensación como un castigo al protagonismo, como un castigo a la Iglesia, como un castigo a las realizaciones sociales de la Iglesia. Yo le tengo un poco de temor a eso.

A.C: ¿No será que están alertando o castigando al sacerdote que se mete en cosas, en ámbitos que a algunas personas dice "que se lo deje eso a otra gente?"

J.C.G: Puede ser. Yo creo que -inclusive- hay gente política que cuando ve que uno realizó determinada obra lo pueden llegar a envidiar o pueden llegar a tenerle rabia porque a uno le adjudican un determinado lugar político que nunca lo tuve porque la verdad que me dijeron "no, el Padre es de derecha". Yo nunca me metí con un partido político pero sí siempre pedí al que estaba en ese momento gobernando porque era lo correcto. Lo que sí es que a nivel mediático jamás a mi me vieron con posiciones desubicadas, siempre fui a los medios para defender las verdades de la Iglesia, hablando del aborto, hablando de lo que tiene que hablar. Cuando tuve un programa de radio en Rivadavia eran programas que siempre llevaban a reflexionar por temas de solidaridad. O sea, traté siempre de mostrar la imagen de un sacerdote en distintas circunstancias. Don Bosco, que es mi padre espiritual, mi patrono, siempre decía 'sacerdote' en todas partes. Yo recuerdo que en el momento peor de mi vida que fue cuando tenía que ir preso uno de los policías me dice "padre, sáquese el clergyman" y yo dije "no, yo quiero ser sacerdote también en esto", soy sacerdote también con la cruz a cuestas y también en medio del escarnio. Porque también a mí me toca delante de mucha gente mostrar como un sacerdote vive una situación de este tipo sin espíritu de venganza pero también con mucha firmeza, con caridad también en los momentos donde la injusticia se hace terrible. Pero volviendo al tema de ¿por qué se la agarraron conmigo? Y, creo que una figura conocida da una bomba de rating más importante que si agarraran a un pobre cura párroco de otro lado, no conocido. Entonces es como que apetecía más generar una trampa contra el padre Grassi que hacérselo a otro.

Cristian: Padre, atento a lo que usted decía, ¿usted tuvo algún inconveniente con gente del ambiente? ¿Podría haber sido esta cuestión también la que la ha llevado a esta situación que usted tiene en este momento?

J.C.G: Puede ser. No me consta, yo no puedo acusar sin pruebas pero puede ser.

A.C: Pero entonces, los que impulsaron en el momento inicial de la querella o de la denuncia, ¿han ya abandonado este tema o siguen muy duros contra usted?, estoy hablando de algunos periodistas, algunos medios de comunicación.

J.C.G: Yo creo que siguen duros porque me parece que ellos se jugaron mucho cuando hicieron el programa y es como que ahora tienen que hacer un mantenimiento. Pero es un mantenimiento forzado, les cuentan mentiras y las sacan al aire. Eso es lo más doloroso porque hay muchos periodistas que yo los considero serios pero me parece que están ventilando y diciendo cosas que no son. Me parece que hay mucha gente que está detrás de toda esta cuestión está usándolos y hay otros que me parece que son responsables porque se están dando cuenta de que los están usando y se dejan usar. Ahora, digamos que el tema periodístico acá es secundario, el periodismo puede hacer presión. Ahora la causa esta en la Justicia y yo creo que la Fiscalía se equivocó mucho.

A.C: ¿Cuál es el próximo paso judicial?

J.C.G: Bueno, ahora se están haciendo las pruebas como para poder comenzar el juicio oral el tres de julio.

A.C: Bueno, muchas gracias por la charla y seguramente vamos a seguir en contacto con usted.

J.C.G: Bueno, gracias. Yo quiero hacer algo que siempre lo hice en Rivadavia que es darle la bendición, como el mejor regalo que yo puedo dar como sacerdote, como aquel que quiere transmitir a Dios también en los momentos duros. Los bendigo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, amén.

A.C.: Gracias Padre.

J.C.G.: ¿Puedo dar el número de la Fundación para la gente que quiere ayudar?

A.C: Si.

J.C.G: Lo digo porque sinceramente estamos pasando momentos muy duros a nivel donaciones y quisiera que la gente le de una mano a la Fundación en este momento difícil, que es el 4452-5858. Lo repito: 4452 5858

A.C.: Entonces: 44 52 58 58. Gracias Padre Julio César Grassi. Hasta pronto.

J.C.G.: Hasta siempre Antonio.


Final de la transcripción.

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E N C U E S T A
Padre Grassi:
¿Inocente o culpable?




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