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1/5/2006

Fuente: INFOFAX

CANAL 9 -telenueve-

Mercedes Marti: Después de tres años rompe el silencio el padre Grassi. El próximo 3 de julio comienza el juicio. Está acusado de abuso de menores.

Claudio Rigoli: Dialogó en forma exclusiva con Telenueve. Le preguntamos cómo esta viviendo estos días, si tiene miedo de ir preso. Así se confiesa el padre Grassi en Telenueve.


Julio Grassi: Bueno, cambió todo, cambió todo, cambió mi libertad de poder expandirme para trabajar, para poder generar proyectos educativos nuevos, cambió el hecho de que en este momento tengo que estar con mi cabeza muy preocupado por una causa judicial injusta, pesada, una causa que se armó para destruirme. Pero bueno, yo ahora simplemente tengo que defenderme, no bajar los brazos. Y todo este tiempo es un tiempo para mí perdido. Siempre pensé que el infierno era perder eternamente el tiempo, y creo que me regalaron un pedazo de infierno.

Yo estoy viviendo en una casa que tiene una familia que colabora con la fundación, me han prestado allí una pieza. Y bueno, trabajo en una oficina que está cerca del predio de Hurlingham. Y bueno, yo puedo entrar a los hogares de acuerdo a lo que la jueza en un principio me permitió, pero por una decisión administrativa de la Provincia de Buenos Aires no puedo tomar contacto con los chicos de los hogares de provincia. Pero sí en Capital y en el interior del país estoy desarrollando mi misión como sacerdote, como padre espiritual de la Fundación.

Cuando miro para atrás me da mucha pena e indignación por todo lo que hicieron y lo que todavía siguen haciendo. Me da indignación la situación de la justicia, cómo a una persona la pueden mantener tanto tiempo sin pruebas, la pueden mantener en una causa injusta, armada, sin que la justicia quiera investigar el armado de esa causa. Me indigna totalmente.

Saber esperar, tener paciencia, pero tampoco ser blando y dejarse condenar por el hecho de que uno tiene que ser paciente. Eso no lo voy a permitir por amor a Dios, y naturalmente porque interiormente estoy convencido de mi inocencia, y estoy convencido de que el mejor bien para que no haya otros ajusticiados de esta manera es que yo no lo permita, que no permita que se cometa esta injusticia.

Este es un pedido personal. Ya anteriormente pedir por la Fundación, pero en este caso recen por mi, cualquiera sea el credo que tengan, que eleven su oración a Dios como ellos lo quieran o lo conozcan, y aquellos que no creen en Dios y de repente tengan un buen sentimiento como para que ese gesto de buena voluntad también llegue para que sea un juicio en paz, un juicio objetivo, un juicio sin segundas intenciones, y donde pueda brillar la justicia y la equidad, y que se llegue al encuentro de la verdad, que es lo que todos anhelamos.


C.R: Por primera vez en tres años el padre Grassi rompió el silencio y decidió hablar a través de Telenueve en forma exclusiva.

M.M: Vamos a escuchar ahora la segunda parte de esta entrevista exclusiva. El 3 de julio comienza el juicio.


J.G: La gente me está mirando y está viendo a un cura, a un sacerdote, a un ministro de Dios, que en medio de una gran injusticia está actuando de tal o cual manera. Entonces uno también es un signo para ellos. Ahora, temores, puede haber temores de que no haya justicia, puede haber temores de que se vuelvan a repetir los errores judiciales que se cometieron hasta ahora cuando no se me ha permitido defenderme como corresponde en la primera etapa, pero tengo esperanza, tengo confianza en que todo va a salir bien y que voy a poder volver a retomar mi vida cotidiana con serenidad como antes. Nada que a uno le hayan hecho queda sin que quede una lastimadura, una cicatriz. Por supuesto que el daño realizado queda, que el daño ha sido hecho a una persona que es muy cabeza dura, que es una persona que las dificultades lo llevan a seguir luchando, a querer seguir amando en este caso a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo aun más que antes. Pero es evidente que todo cambio, se han perdido muchas posibilidades durante todo este tiempo, que se ha hecho mucho daño a muchos de los destinatarios de la Fundación durante todo este periodo de casi cuatro años. También a quienes trabajan en la Fundación. Y todo eso duele. Y el mal realizado no se va a poder revertir. Pero esto es como la parábola del trigo y la cizaña: no es cortando cizaña como yo voy a remediar todo lo que pasó de aquí en adelante, sino sembrando más trigo. Y bueno, lo que uno trata es de simular este dolor a pesar de que tenemos carencias, poder dar bien de comer, educar, pero tenemos atrasos en los sueldos, cuesta mucho comprar los alimentos, la ropa, todo lo necesario para llevar adelante toda la misión, nos esta costando pagar los servicios y costando cobrar los subsidios del Estado. Nosotros tenemos una hermana, la hermana María Elena Ferracuti que está al frente de la Fundación como madre espiritual llevando adelante muchas gestiones, pero nada alcanza. Por eso yo quiero pedirle a la gente que nos de una mano, que vuelva a tender la mano hacia la Fundación, y que colabore. Les puedo dar un número que es el 4452-5858, y con lo que nos puedan ayudar los chicos van a ser más felices.

(Periodistas: Mercedes Marti y Claudio Rigoli)
Final de la transcripción

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E N C U E S T A
Padre Grassi:
¿Inocente o culpable?




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