Opiniones

11/1/2009

Fuente: MEGABAIRES - Medio de prensa abocado a la problemática del Megabaires - Enero 2009 - Año 9 - N° 228
 

Padre Grassi por J. C. Grassi


En un tiempo tan especial como duro para mí no quisiera solamente contar lo que son "noticias judiciales" sino reflexionar junto a ustedes algunas ideas y sentimientos que me provocan estos años de desierto, en especial durante el Juicio.

Días pasados oraba en mi Breviario, en la misma sala del Tribunal mientras esperaba el inicio de la Audiencia, el Salmo 56 y me sumergí en él porque me parecía que David, al escribirlo lo hacía junto a mi. Lo comparto:

            S A L M O    5 6
Oración matutina de un afligido

2Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la calamidad.

3Invoco al Dios Altísimo,
al Dios que hace tanto por mí:
4desde el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían matarme,
enviará su gracia y su lealtad.

5Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus dientes son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.

6Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.

7Han tendido una red a mis pasos
para que sucumbiera;
me han cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.

8Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a cantar y a tocar:
9despierta, gloria mía;
despertad, cítara y arpa;
despertaré a la aurora.

10Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las naciones:
11por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

12Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.


Y ESTA ES MI REFLEXION:

El siempre recordado Papa Juan Pablo II nos decía en la Audiencia general del Miércoles 19 de septiembre de 2001, al leer este salmo: "Es una noche tenebrosa, en la que merodean fieras voraces. El orante está esperando que despunte el alba, para que la luz venza la oscuridad y los miedos. Este es el telón de fondo del salmo 56".

Y es así lo que ocurre en mi alma: ESPERO EL ALBA, espero la luz pero... espero algo que estoy seguro que existe, espero el AMOR INCONDICIONAL DE DIOS y esa espera, en un gran amor, en un "seguro amor" que despierta en mi un sentimiento o virtud sobrenatural: LA ESPERANZA. Sí, la esperanza, decía San Agustín, es la espera cierta, segura, de un gran amor. Yo, en medio de tanta oscuridad, espero en el Señor, espero en su justicia, espero en su Amor.

Por eso Juan Pablo II sigue diciéndonos de este Salmo: "el salmo pasa de la dramática lamentación dirigida a Dios a la esperanza serena y a la acción de gracias gozosa, expresada con las palabras que resonarán también más adelante, en otro salmo (cf. Sal 107,2-6)".

Y a lo largo de esta oración bíblica aparece el miedo, las imágenes bélicas, los dientes afilados de los leones del mal y las espadas afiladas de la lengua de quien usa la comunicaciuón para mentir y con su mentira tratar de doblegar a quien valora su imagen, a quien tiene el dolor de ver su verdad interior embarrada por la maledicencia.

Y ese sentimiento aflora cuando uno ve a testigos aprovechar la debilidad del procesado para poner peso en la Balanza de la injusticia y vengarse quien sabe de qué. Uno ve esas espadas afiladas en lenguas que mienten a la Opinión Pública para lograr enrolar e integrar Tribunas virtuales que griten en mi contra y, peor aún, en contra de la Fundación, estigmatizando a los niños, como últimamente hicieron escudándose en supuestas denuncias de quienes dicen ser Defensores de menores y son sólo defensores menores por baja estatura interior.

Juan Pablo II nos da más luz a través de este Salmo:

"El orante pide insistentemente a Dios que mande desde el cielo a sus mensajeros, a los cuales atribuye los nombres emblemáticos de «Fidelidad» y «Gracia» (v. 4), cualidades propias del amor salvífico de Dios. Por eso, aunque lo atemorizan el rugido terrible de las fieras y la perfidia de los perseguidores, el fiel en su interior permanece sereno y confiado, como Daniel en la fosa de los leones (cf. Dn 6,17-25).

La presencia del Señor no tarda en mostrar su eficacia, mediante el castigo de los enemigos: estos caen en la fosa que habían cavado para el justo (cf. v. 7). Esa confianza en la justicia divina, siempre viva en el Salterio, impide el desaliento y la rendición ante la prepotencia del mal. Más tarde o más temprano, Dios, que desmonta las maquinaciones de los impíos haciéndoles tropezar en sus mismos proyectos malvados, se pone de parte del fiel".

Para la Santidad del recordado Sumo Pontífice es fácil sentir tan claramente la presencia de Dios en la injusticia pero para los legos, los sacerdotes comunes, soldados rasos que libramos batallas en el llano contra el mal, nos cuesta no caer en el desaliento... pero sí es cierto que la Palabra de Dios nos sigue llevando a creer en ella y a orar con ella, por lo que levantamos la mirada al pasado mañana y a la eternidad de Aquel que NUNCA SE FUE: Sólo Dios basta.

El Papa termina diciéndonos: "Así llegamos al segundo momento del salmo, el de la acción de gracias (cf. vv. 8-12). Hay un pasaje que brilla por su intensidad y belleza: «Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme. Voy a cantar y a tocar: despierta, gloria mía; despertad cítara y arpa, despertaré a la aurora» (vv. 8-9). Las tinieblas ya se han disipado: el alba de la salvación se ha acercado gracias al canto del orante".

La entereza que uno puede tener en los momentos más duros de la vida solo vienen de un corazón en Paz con Dios. La Paz no depende de nuestros méritos sino del inmenso amor que EL NOS TIENE.

POR ESO, CUALQUIERA SEA EL SINSABOR QUE EL 2009 LES QUIERA REGALAR: NO DEJEN DE INCORPORAR EL ESE MOMENTO LO QUE ESTE SABIO SALMO NOS QUIERE DAR:

Confianza, descanso en Dios, seguridad que El vence.

Termino compartiendo lo que dos superiores franciscanos (Ángel Aparicio y José Cristo Rey García) escribían a sus hermanos de Orden:

"Procesados por los hombres y justificados por Dios: Si sometiéramos nuestra forma de vida religiosa al juicio de los hombres saldríamos mal parados y hasta condenados. Es más: nuestra historia es testigo de esa lucha incesante y sorda contra un proyecto de vida evangélica que en su autenticidad resulta incómodo. Hay hombres interesados en matar nuestra vocación; se inventan todos los artilugios verbales, sociales, psicológicos para hacernos caer en la fosa y lograr que compartamos con ellos su misma suerte. Lo peor es que tales hombres o mujeres, sin ser de los nuestros, están a veces entre nosotros.

Nuestro juez es el Señor, aquel que nos juzga benevolentemente y es al mismo tiempo nuestro abogado. Quien nos convocó, justificará nuestra vida y la llevará a plenitud. No confiamos en nosotros, en nuestras obras, pues tal confianza sería ya nuestra condenación. Nuestra firmeza nos viene del Padre, que nos ha atraído al seguimiento de Jesús. Aunque todos nos rechacen, el Padre nos acoge, repitiéndonos en la Palabra, que es su Hijo Jesús, la ininterrumpida llamada. Él es el Refugio y la protección de nuestra existencia. ¡Sólo Él!"

Edifiquemos entonces el 2009 sobre la ROCA DE CRISTO y las tormentas no nos derribarán.

QUE ASI SEA.

Les bendice: Padre Julio César Grassi

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