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4/10/2008

Fuente: Revista Noticias

Disputa psiquiátrica por Grassi
El último as bajo la manga

El psiquiatra que refuta a los peritos oficiales y niega que el cura tenga perfil de abusador.

Por Dolores Tillous

Lunes 22. Grassi recibe el apoyo de sus fieles antes de ingresar al juzgado. El informe del perito psiquiatra Fernando Caballero que defiende al cura.
Lunes 22. Grassi recibe el apoyo de sus fieles antes de ingresar al juzgado. El informe del perito psiquiatra Fernando Caballero que defiende al cura.
Cada día, desde hace seis semanas, Julio César Grassi proclama su inocencia a los cuatro vientos en la puerta de los Tribunales de Morón, ante quien quiera escucharlo. “La inocencia me brota por los poros”, dice. Acusado de 17 hechos de abuso sexual y corrupción de menores sobre tres víctimas que vivían en su fundación Felices Los Niños, el sacerdote, sentado en el banquillo de los acusados, se siente acorralado por los testimonios de Gabriel, Luis y Ezequiel, las supuestas víctimas, a quienes escuchó, imperturbable, en interminables audiencias.

Con lujo de detalles, los jóvenes dieron sus testimonios ante la Justicia. Una psicóloga aseveró esta semana que el relato de Ezequiel, el martes 23 de septiembre, “fue muy veraz”, y que “no hubo fabulación”. Y como si esto fuera poco para el sacerdote, las conclusiones del demoledor peritaje psiquiátrico oficial que le realizaron en El Calafate en el 2005, sostiene que, tras la fachada de sumisión y humildad, el cura tiene una personalidad con rasgos afines a los delincuentes sexuales. Conclusiones que fueron ratificadas por los peritos ante la Justicia de Morón.

Sin embargo, la defensa del sacerdote guarda como un as bajo la manga la declaración de Fernando Caballero, el perito psiquiatra que refutó una a una las conclusiones del estudio psicológico sobre Grassi, y concluyó que el sacerdote “es una persona normal, carente de la patología que los peritos oficiales pretenden asignarle”. NOTICIAS accedió al informe que desvincula al clérigo de cualquier tipo de desviación sexual.

Punto clave. La conclusión que más compromete a Grassi en el informe oficial señala que en su personalidad “se observaron indicadores similares del perfil psicológico que poseen delincuentes sexuales”, aunque aclara que los indicadores “no pueden ser considerados afirmaciones taxativas”.

El perito defensor del sacerdote rechaza la conclusión en su informe, argumentando que los peritos oficiales –Susana Mendoza, Gastón Lucas Mendicoa y Sergio Bonota– se basaron en un test con varias deficiencias.

En primer lugar, señala que es un trabajo hecho sobre un número escaso de 90 personas, con el factor de distorsión agregado de que las mismas “estaban detenidas”. El perito sostiene que “los sujetos que fueron evaluados en ese estudio, no estaban acusados, sino condenados y detenidos por sus delitos, entre los que había delitos sexuales y no sexuales”. Al momento de la prueba, y hasta la fecha, Grassi figura como acusado en la causa, por lo que no ingresaría en la categoría de ese estudio.

Luego, Caballero señala que los autores de dicho test aclaran que sólo debe ser utilizado con finalidad de investigación y clínica, “no siendo recomendada su utilización en poblaciones normales”. Según Caballero, la recomendación reside en el hecho de que el test “no puede medir normalidad, sólo distintos grados de patología”.

Test de Rorschach, uno de los más aplicados.
Test de Rorschach, uno de los más aplicados.
El perito de Grassi concluye que “esto implica que Julio César Grassi o cualquier persona investigada con el MMCI-2 (el test utilizado), en ninguna oportunidad puede tener un resultado normal, aunque sea normal”.

El experto considera “inválida la aplicación de la escala mencionada y las conclusiones a las que arriban los peritos oficiales”, ya que dicha escala “se basa en un estudio con indicadores de inaplicabilidad en esta cuestión, por ser nula la base poblacional en el que el mismo se basa”.

Caballero sostiene enfáticamente que “no se ha comprobado tipo alguno de desviación sexual en el nombrado en forma categórica”.

Neurosis. El perito defensor destaca en su informe que los “rasgos de personalidad dependiente, compulsiva y fóbica” detectados por el peritaje oficial en Grassi, “se presentan en forma habitual en un sinnúmero de tipos de personalidad y diagnósticos de una variedad de neurosis”, entre las que cita “la de angustia, el trastorno obsesivo compulsivo de personalidad y la neurosis fóbica”.

También señala Caballero que los problemas de relación que según los peritos oficiales hay en Grassi no corresponden únicamente a personas con delitos sexuales, “pues la definición de neurosis, según Henry Ey, es la presencia de conflictos intrapsíquicos que inhiben las conductas sociales . Y según el saber de estos peritos –dice Caballero–, entonces, todo neurótico es un delincuente sexual”.

El peritaje oficial –considerado “el talón de Aquiles de Grassi” por el abogado de las víctimas, Juan Pablo Gallego– describe al sacerdote como a una persona con “escasa habilidad para percibir y/o captar las necesidades de los demás”, y afirma que puede “generar en ocasiones un excesivo autoritarismo, un comportamiento irritable y carente de amabilidad, siendo percibido por sus dirigidos como un ser despótico y agresivo”, entre otras características poco felices del cura.

Según los peritos oficiales, detrás de la fachada de humildad se esconden “estrategias que se han desarrollado para contener los impulsos socialmente prohibidos”, entre los que se encuadrarían los supuestos abusos sexuales.

Condición especial. Grassi enfrenta dos causas judiciales: una por supuestos abusos en la sede de la fundación en Hurlingham, hechos que están siendo juzgados en un juicio oral en Morón desde el 19 de agosto; la otra causa, a la que pertenece el cuestionado peritaje, se tramita en El Calafate, provincia de Santa Cruz, y fue iniciada después de que Luis lo acusó por dos presuntos abusos ocurridos en esa ciudad.

A lo largo de su informe, Caballero critica las conclusiones oficiales –incorporadas a la causa de Morón– por no haber considerado en su análisis que estaban evaluando a un sacerdote, lo que –según su opinión– hubiera merecido otro abordaje.

“Los peritos oficiales olvidan a la persona que están evaluando”, dice Caballero. “En primer lugar, olvidan que están hablando de un sacerdote, y que además es una persona pública, con exposición mediática. Es cierto en este caso, como en cualquier otro, que el trabajo hace a la persona, y esto parece no haber sido tomado en cuenta en esta evaluación”, señala el perito de Grassi, que considera “curioso y llamativo” el hecho de que en todo el informe “no se mencione ni en un solo lugar, la condición sacerdotal del examinado”.

El peritaje oficial sostiene que “no pueden determinar enfáticamente e indiscutiblemente la existencia de un trastorno conductual a nivel sexual”. Los peritos matizan de alguna manera su conclusión indicando que “solamente hacemos referencia a indicadores conductuales que han sido valorados empíricamente a través de instrumentos psicométricos donde muchas de las características comportamentales descriptas en el mencionado en autos (Grassi) están presentes en personas que han cometido un delito sexual”.

Según Caballero “esta conclusión es tan arriesgada como infundada”, y sostiene que los peritos arribaron a tal conclusión “de manera forzada, tratando de hacer encajar las piezas y situaciones”. Considera, además, que “es evidente que falta un elemento concreto de gran valor para configurar un todo que dé cuenta de un trastorno conductual a nivel sexual”.

Dicen que el actuar de Grassi “ está supeditado a las reglas, normas, formalidades”. Caballero sostiene que “no tienen en cuenta su estricta formación religiosa (de Grassi), que en buena medida ha condicionado la estructuración de su personalidad, y donde la abstinencia y la renuncia a una cantidad de opciones disponibles para los laicos son la norma”.

Defensa. ''La inocencia me brota por los poros'', dijo Grassi, en una de sus cotidianas proclamas ante los medios. Se dice víctima de un ''complot''.
Defensa. ''La inocencia me brota por los poros'', dijo Grassi, en una de sus cotidianas proclamas ante los medios. Se dice víctima de un ''complot''.
Tal vez, señala el perito de Grassi, “este sea el punto nodal de esta discusión: la concepción previa de la persona que se está evaluando, que no es un laico común y corriente, sino un sacerdote con una significativa función social”.

Caballero sostiene que el perfeccionismo detectado por los peritos oficiales en Grassi (“tiene un sentido elevado de sí mismo, y es viable que manifieste conductas arrogantes y desconsideradas” –argumentan–) responde a una visión “parcial” de un solo test implementado.

“Todo lo expresado en los párrafos que se han transcripto (conclusiones de peritos oficiales) se basa en una observación parcial de un solo test implementado. El indudable afán de perfeccionismo (de Grassi), visible sin aplicar ningún test, deviene de la combinación de su perfil obsesivo y de su rígida formación religiosa”, asegura Caballero en su presentación.

Narcisista. Las referencias al supuesto narcisismo de Grassi son materia de análisis para el perito defensor, quien defiende la normalidad del sacerdote acusado. “En lo que no se puede coincidir es en el juicio de valor que los peritos oficiales pretenden darle a ese narcisismo, tildándolo apresuradamente de patológico. Según Caballero, Grassi presenta “un narcisismo normal”, ya que “procura el bienestar de los otros antes que el propio y comparte sus posesiones, algo que el patológico jamás realiza”.

En varios tramos de su informe, Caballero señala que los peritos no recurrieron a los tests pertinentes para evaluar a Grassi, y que si así lo hubieran hecho, los resultados habrían sido otros. “De haberse realizado los tests que V. S. ordenara en autos, estos habrían reconfirmado plenamente esta afirmación (de normalidad)”. El perito de la defensa considera “absolutamente descartados los argumentos por carentes de fundamento (científico)”.

Más aún, Caballero sostiene, a contramano de lo señalado por el otro informe, que los tests implementados “han descartado de plano toda desviación en el área de la sexualidad, teniendo (Grassi) adecuado desarrollo hacia la heterosexualidad”, y considera, en el párrafo final que el sacerdote “es una persona normal, carente de la patología que los peritos oficiales pretenden asignarle”.

La mente, está probado, no es materia apropiada para especulaciones exactas.

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E N C U E S T A
Padre Grassi:
¿Inocente o culpable?




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