Opiniones

7/6/2008

Fuente: Revista VIVA del Diario Clarín

El poder del rumor
EL QUINTO PODER


El Grupo Clarín, inventor de la Causa contra el Padre Grassi, sabe acerca de la técnica de los RUMORES. La nota que publicamos a continuación es de un nivel y claridad que sorprenden. El tema: el poder del rumor. Es llamado el Quinto poder (ya ostentan tener el Cuarto poder de la prensa) y lo usan especialmente para dar veracidad a inventos, operaciones de prensa cuyos contenidos son rumores o causas armadas, como la del Padre Grassi.

A continuación esta importante descripción de lo que es el RUMOR: su uso y abuso, publicada por el Diario Clarín el día 29/7/2001:



Argentina ostenta el curioso récord de ser la más aceitada usina de rumores de todo el mundo. Lo dijo nada menos que el número dos del Fondo Monetario Internacional, Stanley Fisher, al salir a respaldar el paquete de medidas de ajuste del 11 de julio pasado. El funcionario relativizó su entusiasmo advirtiendo que, si bien nuestro país "está bien encaminado, uno de los elementos que más impacto negativo tiene sobre los mercados son los rumores que salen por día de la Argentina. Eso no ayuda. Produce incertidumbre política. En promedio -remarcó- Argentina es el país que más rumores genera".

¿Por qué no creerle, si habla con la perspectiva que dan las alturas de uno de los máximos organismos internacionales? Aquí no tenemos demasiado resto para llevar esa cuenta. Veteranos del pánico, los argentinos escuchamos y transmitimos en las últimas semanas noticias sobre una devaluación inminente, la renuncia del ministro Domingo Cavallo y después, la del presidente Femando de la Rúa; el boicot del ex presidente Alfonsín al nuevo paquete, el feriado bancario, la incautación de los depósitos...

Con el mismo fragor aunque sin pánico, antes corrieron como reguero de pólvora entre nosotros historias varias, a las que también adjudicamos la mayor confiabilidad. Algunas, memorables:

• Es 1994. El dueño de una casa en un country que va a ser operado de próstata se somete a los análisis de rutina, entre los que se encuentra el test que detecta el virus del sida. El resultado es positivo y la sorpresa enorme: el hombre ha sido fiel a su mujer en los veinte años de matrimonio y, como no se trata de un hemofílico ni de alguien que haya tenido contacto con las drogas, se cita a la esposa para un examen correlativo. El resultado vuelve a ser positivo y, tras un "apriete", la mujer termina confesando que tuvo un encuentro sexual con el profesor de tenis. El profesor es despedido luego del análisis de rigor y, como venganza, difunde la lista -en algunos relatos la cifra asciende a diez alumnas- de las mujeres del country con las que ha tenido relaciones sexuales.

• Década del 60. Una joven pareja contrata una empleada doméstica adolescente para el cuidado del bebé de pocos días. Dudan mucho en dejar solo al niño pero finalmente deciden, considerando la dulzura y la responsabilidad de la empleada, confiarlo a su cuidado. Al volver del cine encuentran una escena alucinante: ella vestida con el traje de novia de la patrona, sentada a la mesa con candelabros y copas y en el centro, en una gran fuente y rodeado de papas, el cuerpo asado del bebé.

• Una noche de 1999. La chica seduce al chico en una disco de moda. Se lo lleva a una fiesta privada. Le convida alcohol y "éxtasis" mientras lo besa con pasión. El despierta a la mañana siguiente sin recordar cómo llegó hasta ahí. Está entumecido, con el cuerpo sumergido en hielo, dentro de una bañera. A su lado, una nota dice: "Llame a este teléfono o morirá". Toma el inalámbrico dejado a su alcance y marca. La operadora de emergencias -ése era el número- le pregunta si en la espalda tiene dos tajos de "nueve pulgadas". ¿Sí? Entonces le advierte que mejor no se mueva, que le han sacado los ríñones. Que ya va la ambulancia para allá. El joven sobrevive conectado a una máquina en el Hospital Fernández, esperando un trasplante. Ha sido víctima de una supuesta mafia que roba órganos. Son historias diferentes, pero todas responden a un mismo patrón. 1) Corrieron rápidamente de boca en boca. 2) Pudieron tener diferentes versiones, pero sólo distintas en sus detalles. 3) Todas fueron presentadas como de "buena fuente", u oídas de otros que conocían muy bien a los protagonistas. En ocasiones se aseguraba haberla visto en un diario, aunque nadie la había leído personalmente. 4) Aunque en ningún caso pudo ser confirmada, fue aceptada como verídica y difundida, a su vez, por personas generalmente capaces de un juicio crítico.

Estos rumores persistentes que adquieren una rápida difusión oral existen en todas las sociedades desde que el mundo es mundo. A veces -como los ejemplos anteriores- alcanzan la categoría de "mito urbano". Se trata de una producción colectiva y anónima que pone en palabras una historia que, por su particular condición de generar emociones -angustias, temores, deseos prohibidos-, no encontró posibilidad de expresión en el discurso oficial.


Rumores a la carta. Existen en el entramado de cualquier cultura, de forma tal que sería imposible imaginar una sociedad sin rumores. Es más: gran parte de la conversación en sociedad es intercambio de rumores. Están los rumores "ociosos", esos chismes no siempre inofensivos, que sirven para tapar silencios incómodos, para atraer la atención de los demás, o para pasar un rato amable con los amigos. Pero esta modalidad, la del rumor ocioso, es tan sólo una de las formas en que suele darse el trueque de rumores. Está también la amplia gama de rumores hostiles, que encuentran tierra fértil, por ejemplo, en los ambientes de trabajo, lugares donde rige la competencia, la exclusión y el tan humano (y negado) sentimiento de envidia por el "supuesto bienestar" atribuido a los demás. Los rumores hostiles circulan únicamente entre quienes están predispuestos a odiar a la víctima del cuento. Al igual que la propaganda -con la cual está íntimamente vinculado- el rumor, más que crear actitudes, confirma las ideas y prejuicios ya existentes. Así como estos tumores hostiles de corto alcance, hay otros muchos rumores que no son ociosos sino profundamente intencionales.

El investigador Jean Noel Kapferer, en su libro Rumores. El medio de difusión más antiguo del mundo, afirma que "ante los cambios bruscos de las sociedades es común la aparición de nuevas leyendas de advertencia, o rumores conspirativos, donde se alerta - bajo un mensaje de moralidad-, sobre un peligro, o se expía un temor".

La circulación de rumores llega a un punto frenético cuando el público espera la realización de un acontecimiento largamente anhelado... o temido.

Cuanta más tensión haya en el ambiente social, más virulenta será la difusión de noticias falsas.

Esto llegó a su climax durante la Segunda Guerra Mundial, donde proliferaron los corrillos tendientes a elevar las pérdidas sufridas. En los Estados Unidos, después del ataque japonés a Pearl Harbor, hicieron historia los llamados "casos de canastas": se contaba que una mujer, habiendo recibido una notificación del Departamento de Guerra para que fuera a la estación de tren del pueblo a esperar a su esposo que volvía del frente de batalla, se encontró en el andén con unos oficiales que le entregaron al marido sin brazos ni piernas, en una canasta.

Fue justamente este circulación desmedida de rumores, que llegó incluso a poner en riesgo la seguridad nacional de los Estados Unidos, la que llevó a Gordon Allport y Leo Postman, profesores de la universidad de Harvard, a emprender investigaciones de carácter experimental. En su libro Psicología del rumor, todo un clásico en la materia, demuestran que la "guerra psicológica" no es tan moderna como se presume. Que ya los emperadores de la antigua Roma conocían esta plaga del rumor. Tanto, que llegaron a nombrar delatores, hombres cuya misión era la de mezclarse con la "gente de la calle" y llevar al palacio imperial la voz del pueblo.

Los chismes del día se consideraban un excelente barómetro de los sentimientos populares. Llegado el momento, los delatores se veían en la necesidad de lanzar una contraofensiva de rumores de su propia colección.


Identikit del rumor. La definición clásica dice que "rumor" es "una proposición para creer, que se pasa de persona a persona, por lo general oralmente, sin medios seguros para probarla". Al "correr" un rumor siempre se supone que se está transmitiendo un hecho cierto. Y esta presunción vale aun cuando el relator prologue el runrún con la advertencia: "Hay que tomarlo como rumor, pero me han dicho que..."

Pese a que puede presentar distintas formas -murmuraciones, asociación de hechos, calumnias y predicciones promisorias o de mal agüero con respecto a sucesos inminentes- un rumor que se precie de tal debe tener, por lo menos, ciertas características básicas:

a) Ser de carácter especifico y limitado. Por esa razón, tiene generalmente un interés temporario: los rumores vienen y van.

b) Proliferar en ausencia de pruebas. Siguiendo esta norma, es posible discernir entre rumores y noticias. Se trata casi siempre de rumores cuando el nexo de comprobación ha desaparecido o casi, o se ha reducido a algo casi tan insustancial como un "Me han dicho que..." a "Lo sé de buena fuente".

c} Avanzar únicamente en ambientes de mentalidades semejantes. Cada rumor tiene su público. Los rumores de índole financiera circulan principalmente entre quienes pueden ver sus fortunas -o como acá, también sus exiguos ingresos- afectadas por altibajos del mercado monetario.

d) Estar motivado por alguna necesidad humana. El interés sexual monopoliza buena parte de la chismografía y la mayor parte del escándalo corriente; la ansiedad y el miedo son los estímulos ocultos en las historias macabras y los malos presagios que tan a menudo oímos; la esperanza y el deseo están en la base de los rumores "rosados"; el odio sostiene e impulsa los cuentos acusatorios y calumniosos.

e) Tendera acortarse, a tornarse más conciso, más fácil de abarcar y contar, a medida que corre. El rumor se adapta a los códigos compartidos por el grupo. El vocabulario extraño al ambiente, las sutilezas verbales, las interpretaciones individuales, todo queda eliminado. A través de sucesivas versiones, va perdiendo palabras y detalles.


¿Por qué circulan los rumores? Para que un rumor prenda en la conciencia de la gente y "corra", tiene que reunir dos condiciones básicas: 1) deberá tener cierta importancia, tanto para el que transmite como para el que lo escucha; y 2) los hechos reales han de estar revestidos de cierta ambigüedad. Esta ambigüedad se debe, a veces, a la falta de información oficial sobre el tema, o al hecho de que ésta sea contradictoria. Tal como se demostró en los estudios experimentales en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, en las fuerzas armadas, los altos mandos son menos susceptibles a los rumores que el simple recluta, no porque los hechos esperados sean para ellos menos importantes sino porque, por norma, ellos están más al tanto de planesyestrategias. En un barco, los oficiales del puente de mando estaban "al tanto", pero el marinero quedaba a merced de los chismes corrientes. Aviadores ansiosos a la espera de órdenes, daban libre curso a sus temores, bajo forma de "datos" acerca de los peligrosos blancos que esperaban sus acciones, de rumores relativos a la insuficiencia del equipo o a la amenaza de nuevas armas de defensa antiaérea en poder del enemigo.

También la ambigüedad puede deberse al hecho de que el tema en cuestión despierta tanta angustia o expectativas que se vuelve difícil aceptarlo tal como es. Sobre todo en tiempos de crisis (de guerras, grandes calamidades, crisis económicas, campañas electorales), el rumor circula mucho más raudo yrebasa sus conductos normales cuando el individuo desconfía de la noticia que llega hasta él.

Los políticos deberían saber (cuando se quejan de las usinas) que una de las más importantes fuentes psicológicas de propagación de rumores es el deseo del público de comprender y simplificar los muy complicados sucesos que se siguen unos a otros, a menudo con rapidez pasmosa: los minores sirven para hacer aparecer las cosas más simples de lo que realmente son. Deberían saber también que la calumnia y el descrédito políticos son aceptados con placer por los ciudadanos sólo cuando éstos desconfían del partido gobernante.


Apocalípticos e integrados. Pese a estas características comunes, hay sorprendentes diferencias individuales en la susceptibilidad al rumor. Ser "sugestionable" es admitirlo prescindiendo de la prueba que lógicamente podría demandarse.

La gente sugestionable -según Allport y Postman- está entre quienes están llenos de prejuicios y "estereotipos", y también entre aquellos que son "suspicaces" frente a lo dicho por el poder, porque ya han sido defraudados.

El investigador H. Cantril, de la universidad norteamericana de Princeton, pudo establecer que buen número de aquellos que "cayeron" en el cuento de la invasión de marcianos creada por Orson Welles y emitida por la radio de la CBS bajo el titulo La guerra de los mundos, era gente que estaba inquieta por la situación de zozobra remante en Europa, por la gran depresión económica que sufría Estados Unidos o por los pasmosos progresos de la ciencia, o que aguardaba el fin del mundo y que, por tanto, fue sorprendida en un estado de ánimo en el que "todo puede ocurrir". La fantasía puesta en el aire el 30 de octubre de 1938 bajo la forma de noticia de último momento, impactó en gente con defensas tan pobres que ni siquiera tuvo la ocurrencia de girar el dial de su radio, ni consultar el programa en el diario, ni tratar de verificarla "noticia" de alguna otra forma sencilla. Se entregaron al pánico porque carecían de "anclaje crítico".

Rumor y humor. El debate sobre el carácter "antidemocrático" de los chistes en tomo a la figura presidencial, debería contemplar el hecho de que "chistes" y "rumores" son sorprendentemente similares en el modo en que circulan y la función a la que sirven. Desde el punto de vista psicológico son casi idénticos: pueden reflejar un odio racial, contener una crítica política o aliviar alguna emoción reprimida de cualquier orden. Ambos pueden servir de vehículo para la expresión de sentimientos una prisión, a bordo de un buque casi en todo personales, sin necesidad de que el relator tenga lugar donde haya gente viviendo en sociedad los real conciencia de que alberga esos sentimientos. Los rumores son un índice de su estado de ánimo.


Rumor y tumulto. Dentro del organismo social los bacilos del rumor son siempre activos. A veces tienen un movimiento indolente, no virulento. Otras, estallan en desorden y revueltas populares. Si bien las campañas difamatorias, las habladurías, y el rumor no son la única causa determinante del "desorden social", casi siempre juegan un importante papel auxiliar: nunca estalla un tumulto sin rumores que lo inciten, lo acompañen o intensifiquen su violencia. Allport y Postman enumeran cuatro etapas en este proceso:

1. Intranquilidad. Antes de un estallido corren voces de intranquilidad, murmuraciones hostiles y acusatorias basadas en situaciones reales de injusticia social. Deberían servir como barómetro porque indican que sí las políticas sociales no cambian de dirección habrá borrasca a corto plazo.

2. Clara señal de peligro. Los rumores adquieren una forma específicamente amenazante: "Algo va a suceder esta noche en la orilla del río"; "No faltes al baile después del partido, va a haber bardo", etc. lis el momento de la prevención.

3. Un rumor infamatorio. Por lo general, la chispa que enciende la pólvora suele ser un rumor indignante, a) estilo de: "A fulano, pobre, que andaba por ahí sin comerla ni bebería, lo hirieron de gravedad".

4. En el fragor del tumulto, los rumores corren más veloces que nunca y su fanatismo no tiene medias tintas, incluso, a veces, resultan ser alucinatorios: "Lo ví con mis propios ojos".

Cuando los rumores han alcanzado las etapas 3 y 4 no hay ya, virtualmente, nada que puedan hacer la policía o los miembros referentes de la comunidad, aquéllos que se resisten a perder el buen sentido. Aquí ya es tarde también para cualquier prevención.

Puestos en clave algo menor, estos estudios sobre rumores y tumultos podrían aplicarse a muchas formas de la administración de la sociedad. En una empresa comercial, en una industria, en una prisión, a bordo de un buque casi en todo personales, sin necesidad de que el relator tenga lugar donde haya gente viviendo en sociedad los real conciencia de que alberga esos sentimientos. Los rumores son un índice de su estado de ánimo.


Rumor y profecía autocumplida. En Antología de cuentos, siniestros, Gabriel García Márquez desviste el mecanismo de una "profecía autocumplida". En su cuento Algo muy grave va a suceder en este pueblo habla de una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Durante el desayuno les dice que amaneció con el presentimiento de que "algo muy grave va a sucedcrle a este pueblo". Ellos se ríen, pero a lo largo de la mañana el hijo falla en el billar con una carambola facilísima y se justifica diciendo que estaba preocupado por los dichos de su madre. El ocasional ganador llega a casa y festeja haberle ganado a un tonto preocupado por un presentimiento de su madre. La madre del ganador le dice que no debe burlarse de los presentimientos de los viejos porque a veces salen. La vecina que anda por ahí escucha y cuando va a la carnicería le pide al carnicero que en lugar de venderle una libra de carne le venda dos porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado. El carnicero despacha y advierte del hecho a la siguiente clienta. Así, en medía hora, el carnicero agota la carne, y otra, y otra, a medida que se va esparciendo el rumor. A las dos de la tarde, como siempre el calor arreciaba. Los pocos que andaban por las calles desiertas afirmaban que nunca había hecho tanto calor. Cualquier signo -hasta un pajarito en la plaza- era tomado como presagio de desgracia. Hasta que uno del pueblo no aguanta más tensión y tiene el valor de irse. Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central a la vista de todos los del pequeño pueblo. "Si éste se atreve a irse, yo también." Y todos abandonan el pueblo. Uno de los últimos prende fuego a su casa para que la desgracia no caiga sobre lo que queda de ella, y otros incendian también sus casas. Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presentimiento, clamando: "Yo dije que algo muy grave iba a pasar. Y me dijeron que estaba loca".


Rumor y leyenda. Puede mirarse la leyenda como rumor cristalizado, una voz que se resiste a callar y que, después de una prehistoria de deformación y transformación, deja de sufrir cambios al ser transmitida de generación en generación.

Según la definición de La Piere y Farnsworth, "una leyenda es un rumor que ha pasado a formar parte de la herencia verbal de un pueblo" como entre nosotros sucedió con "la Difunta Correa", la "Luz Mala", "la Dama de blanco"; con "San la Muerte", el "Gauchito Gil"y tantos otros. Tienen como condición atrapar la atención de varias generaciones además de la que la engendró.


Pánicos y deseos ancestrales. ¿Por qué prenden los rumores? ¿De qué están hechos los mitos? La psicoanalista Marie Bonaparte llamó "mitos modemos"a esas historias orales y recirculantes. Afirmó que sirven para "digerir" -en forma disfrazada- situaciones de angustia colectiva, del mismo modo en que lo hacían los mitos del pasado. Otra psicoanalista, Marie Langer, mostró cómo el "mito del niño asado" canaliza temores ancestrales sobre la otra cara de la madre sacralizada -sus aspectos negativos-, algo de eterna vigencia, tal como muestran las madrastras de las Blancaníeves y Cenicienta, la bruja de Hansel y Gretel y la encantadora baby sitter de la película La mano que mece la cuna. Como ellas, la sirvienta suele ser una buena depositaría de esa "cara mala" de la madre. Se trata de una "proyección" que también se oculta bajo los rumores -no confirmados- de mujeres que roban chicos para venderlos o para extirparle los órganos.

El caso de las ratas de los restoranes chinos -según una mirada antropológica- sirve para canalizar "miedos xenofóbicos" en tiempos de gran afluencia inmigratoria. El rumor gastronómico tiene su versión local en los Estados Unidos de posguerra (están en la comida italiana); tanto como en la Europa actual (reemplazan el cerdo de la comida árabe o yugoslava). Todo rumor se activa por un hecho actual -el sida, la ablación de órganos, el desempleo- y respeta la experiencia particular de cada sociedad. Para los argentinos el "robo" de chicos remite a la no tan mítica "apropiación de menores". El desempleo es la nueva versión del "desaparecido" pero no por represión militar sino por política económica. Así, de boca en boca, como un apocalipsis de bolsillo, cada rumor recrea, a su modo, viejas angustias muchas veces hechas realidad.


Fuentes: Psicología de! rumor, por Gordon Allport y Leo Postman. La gran migración, por Hans Magnus Enzensberger. Mentiras verdaderas, por Jorge Halperín. Rumores. El medio de difusión más antiguo del mundo, por Jean Noel Kapferer. Diccionario de Mitología Griega y Romana, por Pierre Grimal.




El medio de difusión más antiguo del mundo
DESDE NERÓN TOCANDO LA LIRA EN EL INCENDIO DE ROMA HASTA EL MUNDO GLOBALIZADO DEL SIGLO XXI


El rumor existe en el entramado de cualquier cultura. No existe sociedad sin rumores. Uno de los primeros rumores del que existe constancia data del año 64 después de Cristo, cuando un incendio arrasó Roma. Según el análisis que los historiadores han efectuado de las pruebas, la plebe admitió y difundió el rumor de que el emperador Nerón -soberano por cierto no muy popular- si no había iniciado él mismo la intriga, había por lo menos cometido la aberración de deleitarse con el bárbaro placer de componer una oda a las llamas devoradoras. De nada le valió a Nerón el hecho de que el rumor fuera infundado. En defensa propia, echó mano del recurso del "contrarrumor", haciendo circular la voz de que los cristianos, aun más aborrecidos que su propia persona, habían prendido fuego a la ciudad. Por resultar todavía más afín a los prejuicios y temores corrientes, esta versión desvió el foco de la persona del emperador. Sin embargo, aunque el rumor de la culpabilidad de Nerón quedó rechazado en aquel momento, reapareció con el tiempo. Componer una oda musical a la "conflagración" se convirtió en leyenda: un sujeto de tan cruel corazón no podía menos que tocar la lira mientras Roma ardía.

También fue un rumor el que mandó a Sócrates a la muerte, acusado de pervertirá los jóvenes de Atenas e incitarlos a la rebelión. Y fueron justamente relatos exagerados de milagros, fechorías y pillajes los que sostuvieron, durante la Edad Media, las guerras religiosas y las Cruzadas. Más tarde, los exploradores se esparcieron por el mundo en busca de legendarias riquezas y cantarínas fuentes de eterna juventud, o para ver de cerca imaginarios monstruos marinos. Tal como relata Hans Magnus Enzensberger en La Gran Migración, "en tiempos pasados la esperanza nacía fomentada por el aliciente de la leyenda y los rumores. La Tierra de Promisión, la Arabia feliz, la legendaria Atlántida, Eldorado, el Nuevo Mundo: he aquí los mágicos relatos que a tantos y tantos motivaron para ponerse en marcha".

En efecto, las generaciones anteriores, cuando no eran personalmente víctimas, autores o testigos oculares, sólo se enteraban de las tropelías a través de rumores, de leyendas blancas o negras. Lo que ocurría en otra parte sólo se conocía de oídas.

Porque, hasta tiempos recientos, los habitantes de este planeta no poseían muchos más medios de información que los que les llegaban por los conductos tradicionales del rumor. Antes de los diarios, el telégrafo, la radio, la televisión y el correo electrónico, el público se veía obligado a depender de las noticias relatadas por algún Marco Polo para la advertencia de algún peligro inminente, o del pregonero urbano, quien daba su propia versión de los hechos del día. Sólo unos pocos estadistas y los monarcas recibían despachos escritos y sellados, y su fuente no estaba necesariamente inmune de la plaga del rumor. Todavía hacia mediados del siglo XX la opinión pública sabía poco o nada de los mayores crímenes de la época. Hitler y Stalin hicieron todo lo posible para mantenerlos en secreto. El genocidio era alto secreto de Estado.



por Eduardo Müller*

Promesas incumplidas
EL DESCRÉDITO EN LA PALABRA DEL PODER NO SOLO ACTIVA LOS RUMORES. ALIMENTA UN RASGO NACIONAL: DECODIFICAR LOS MENSAJES AL REVÉS.


"No va a aumentar la nafta"; "El que apuesta al dólar, pierde"; "Estamos ganando la guerra". Bastan tres ejemplos memorables para explicar esa particular Inclinación de los argentinos a decodificar los discursos del poder exactamente al revés: el discurso del poder miente, y desmiente. Es decir: miente, y miente que miente. Así, después de tanto incumplimiento, se obtuvo un código simple para leer los mensajes del poder: invertir el mensaje. Va a aumentar la nafta, va a subir el dólar, estamos perdiendo la guerra.

Años de adiestramiento nos acostumbraron a que pensar mal es pensar bien. Ser mal pensado es el modo en que el poder nos enseñó a interpretarlo; y a escuchar la promesa que no cumplirá. "Promete, promete que algo quedará" es el "neo-goebbelismo" en vigencia. Un reciente ex presidente explicó así su primer triunfo electoral: "Si decía lo que iba a hacer, no me votaban". Lo increíble es que después lo volvieron a votar.

La faceta más cínica del discurso del poder es cuando dice que miente por nuestro bien; cuando finge hacerse responsable de nuestra supuesta irresponsabilidad, ignorancia o torpeza.

Tratándonos como a chicos a los que hay que mentir para proteger, oculta que miente "por el bien" (o los bienes) del dueño del discurso. Un discurso alentado por la televisión y perfeccionado por ejércitos de asesores de imagen, publicistas exitosos y hasta peluqueros de estado. Presidentes y ministros han aprendido el arte de mentir en la cara, a mirarnos a los ojos por tevé y mentimos por cadena nacional: "No va a haber más ajuste".

Pero el abismo creciente entre sus palabras y nuestros hechos hace que ese discurso adquiera una nueva modalidad religiosa: la del salvador que nos mira a los ojos y nos dice que sólo El puede salvarnos. Ofreciéndose como la opción al abismo, nos persuade -desde ese profético lugar- con la promesa de sacarnos de la desesperación. Porque una promesa más que decir, "hace", "persuade". En el momento en que es enunciada, no es ni verdadera ni falsa. La verdad de sus dichos se corroborará en el futuro. Y, mientras tanto, fabrica esperanzas, produce ilusiones; y activa rumores.

Si le creemos, a pesar de las evidencias, somos carne de rumor. Después de todo, éstos nos alivian de la angustia de saber que no habrá una democracia con la que "se cura, se come y se educa", con "salariazos y revolución productiva".

* Psicoanalista




La fama es puro cuento
ESA SABIDURÍA DE LOS CLASICOS

Cuenta Virgilio que la diosa Fama considerada fundamentalmente corno "voz pública" fue engendrada por la Tierra. Está dotada de numerosos ojos y bocas, y viaja volando con grandísima rapidez. Ovidio adopta este retrato de Fama y io recarga un poco más. Imagina que esta divinidad habita en el centro del mundo, en los confines de la Tierra y el Mar, y que su morada es un palacio sonoro, con mil aberturas por las que penetran todas las voces, incluso las más leves. Este palacio, enteramente de bronce, está siempre abierto, y devuelve amplificadas las palabras que llegan hasta él. En ese palacio de bronce ia Fama vive rodeada de otros dioses -la Credulidad, el Error, la Falsa Alegría, el Terror, la Sedición y los Falsos Rumores-, y desde su alcázar vigila el mundo entero. En su obra La Eneida, Virgilio toma a la Fama en su acepción de "voz pública" (o rumor) y la describe de manera insuperable:

Y ya la Fama
por cuantas villas África numera
Canta con voz los hechos pregonera.
Fama aquella malvada se apellida
que es veloz como igual no ha visto el cielo;
En su movilidad está su vida,
y le crecen tes fuerzas con el vuelo:
En los primeros pasos va encogida;
luego se alza, ambiciosa: por el suelo
humildemente rateando empieza;
luego esconde en las nubes la cabeza. (...)
Agil de miembros y de piel ligera.
Cuántas plumas, enorme monstruo y feo,
ciñendo al cuerpo va. ¿Quién tal creyera?
Tanto debajo oculta o/os despiertos,
tantas bocas y oídos siempre abiertos.
Estridente en la sombra mueve el ala
De noche, y entre tierra y cielo vuela;
¡Nunca ai sueño sus párpados regala!
De día, misteriosa centinela,
En techo o torre altísima se instala,
Y asombro dando a las ciudades, vela, y con ardor igual, doquier que gira, divulga la verdad y la mentira.




Sordos ruidos
LOS MITOS URBANOS A LO LARGO DE LAS DECADAS


Hubo muchos. A finales de los 60, una década después del rumor del "niño asado", conmovió a la sociedad porteña la supuesta desventura de un exitoso empresario de casas prefabricadas que perdió su pene en una fellatio durante la relación con una prostituta que -el hombre no sabia- sufría de ataques epilépticos. Con la conmoción del sida, a finales de la década del 80, circuló la tragedia del chico que duerme con una rubia que conoció esa noche en la discoteca y que descubre, a la mañana siguiente, que ella había desaparecido pero le había dejado escrito, con lápiz labial sobre el espejo del baño; "Bienvenido al club del sida".

Poco antes de la década del 90, fueron las ratas encubiertas bajo salsas agridulces en las por entonces prósperas casas de comida china, Y cada tanto, desde que los trasplantes fueron posibles, "corren" historias de bebés robados en supermercados, shoppings, parques y plazas, para servir al tráfico internacional de órganos, algo que las autoridades del INCUCAI se empeñan en desmentir sin mayor éxito. Los rumores también encontraron su "paraíso" en los correos electrónicos, como por ejemplo el rumor que aseguraba -dando como fuente a la Policía Federal- que había agujas infectadas con HIV en las butacas de los cines; o aquél (con foto y todo) que denunció que en Taiwán hay restoranes donde se comen fetos humanos.


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E N C U E S T A
Padre Grassi:
¿Inocente o culpable?




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