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4/11/2002

Fuente: Revista Gente N° 1946

"Quiero salir de este infierno en el que estoy viviendo"


El sacerdote habló con GENTE y respondió todas las preguntas que se hace la calle. Fundador de una obra que alimenta y educa a 6.300 chicos, dice que las acusaciones en su contra por abuso deshonesto y corrupción de menores son "una infamia y una maniobra orquestada". Siente que, aunque la Justicia lo declare culpable o inocente, desde algunos medios lo han crucificado de antemano. Y sospecha que Gabriel -el chico que lo acusó en Telenoche Investiga- lo habría extorsionado el día anterior a la emisión del primer programa.

¿Angel o demonio? A los 46 años, el sacerdote, fundador del Hogar Felices los Niños, que hace posible que 6.300 chicos puedan comer, vive sus horas más difíciles. La Justicia dirá si es culpable o víctima de una infamia.
¿Angel o demonio?
A los 46 años, el sacerdote, fundador del Hogar Felices los Niños, que hace posible que 6.300 chicos puedan comer, vive sus horas más difíciles. La Justicia dirá si es culpable o víctima de una infamia.
"Ya no rezo. Sólo le pregunto a Dios por qué me abandonó". Aferrado a un rosario armado por los chicos de su fundación, el padre Julio César Grassi (46) explica que desde que pasa sus días en prisión le cuesta concentrarse hasta para repetir un simple Avemaría o leer un libro. "Me siento demasiado disperso", confiesa sentado en lo que desde hace diez días es su calabozo en la Dirección de Investigaciones de Morón: un cuarto de tres metros por dos que luce una imponente mancha de humedad en una de las paredes pintadas de amarillo patito. Dos camas cucheta, un par de sillas y una pequeña repisa en la que se pueden ver la Biblia y una imagen de la virgen María Auxiliadora forman parte del mobiliario del sacerdote, que sólo tiene contacto con el mundo exterior a través de una diminuta ventana con rejas. Hasta el momento, dice, no se ha comunicado con los otros detenidos. "Sé que ellos me pidieron, y en algún momento voy a tratar de acercarme", asegura. Así, en soledad, pasa sus días y sus noches sospechado de haber cometido dos delitos aberrantes: abuso deshonesto y corrupción de menores. "Es una infamia. Una mentira orquestada", se defiende apenas recibe a GENTE -el sábado, a las siete de la tarde, y en exclusiva- en su celda del primer piso.

-Padre, ¿usted abusó y corrompió menores durante su tarea en la Fundación Felices los Niños?
-No. Y tengo una sensación terrible porque vivo el peso de una injusticia. Esta cruz que pesa sobre mí me va a permitir purificar mi vida. Quiero que sirva para algo positivo. Por ejemplo, para no participar nunca de un chisme que no se sabe cómo va a terminar. A veces los rencores generan venganzas que creemos que son actos de justicia.

-¿Es consciente de que su encierro se puede prolongar mucho?
-Al meterme preso me colocaron en la maraña burocrática de la justicia. Y ahora tengo que soportar detenido lo que muchos esperan en libertad. Fue astutamente realizado para que yo pase vergüenza social y sufra lo que se me imputa falsamente.

Entre cuatro paredes: La celda del padre Grassi en la DDI de Morón. Es estrecha, calurosa, tiene una enorme mancha de humedad, dos cuchetas y una repisa pequeña donde el sacerdote colocó libros y cuatro objetos sagrados: una Biblia, un rosario fabricado por los chicos de la Fundación Felices los Niños, un crucifijo y una imagen de la virgen María Auxiliadora.
Entre cuatro paredes
La celda del padre Grassi en la DDI de Morón. Es estrecha, calurosa, tiene una enorme mancha de humedad, dos cuchetas y una repisa pequeña donde el sacerdote colocó libros y cuatro objetos sagrados: una Biblia, un rosario fabricado por los chicos de la Fundación Felices los Niños, un crucifijo y una imagen de la virgen María Auxiliadora.
-¿Siente vergüenza?
-Fui herido de la manera más dura. Dudaron acerca de mi moralidad con los chicos a través de los delitos más difíciles de comprobar y de defender. Porque cada error puede convertirse en una prueba en contra. Es horrible, porque en el medio están los chicos que quiero, y los están usando para declarar en mi contra de manera forzada.

-¿Reconoce a los chicos que dijeron ante la justicia que usted abusó de ellos?
-Hasta el momento hay dos que declaran esto. En referencia a Gabriel, que aparece en el primer Telenoche Investiga, tengo algunas pistas y creo saber quién es. Pistas firmes que me hacen pensar que es alguien que vino a extorsionarme el día anterior a la emisión del programa. Espero que la justicia se interese en esto, porque no se investigó.

-¿Se atrevería a un careo con él para que surja la verdad?
-Por supuesto. Apenas me detuvieron, le dije al fiscal que quería declarar porque no tenía nada que ocultar. El me leyó lo que se emitió en el programa, y le pregunté cuándo había ocurrido. Me dijo que podría haber pasado en un lapso de hace aproximadamente un año. Me parecía que el dato era poco específico, consulté si había certificado que el chico pasó por la fundación, y me respondió que eso todavía no estaba comprobado.

-Dígame usted si estuvo en la fundación. ¿Lo recuerda?
-No quiero adelantar nada. Hay pibes que vienen de la calle, están un tiempo y se van.

-¿Reconoce al chico que en el segundo programa declaró que usted había abusado de él?
-Creo que sí. De acuerdo con lo que se dijo en tevé, fue chequeado psicológica y psiquiátricamente y declarado apto por el Tribunal de Menores de San Isidro, a cargo de la doctora Mirta Ravella Godoy. Fue inducido a decir algo que no le pasó. Quisiera saber quién lo empujó a eso.

-Padre, usted y sus hermanos hablan de un complot, pero no dan ningún nombre. ¿No cree que esa teoría de que hay una conspiración en su contra puede empezar a ser inconsistente?

-Si tuviera nombres, los daría. Por ahora lo que tengo claro es que hay gente que está interesada en hacerme daño.

-Un señor de apellido Salcedo cuestionó severamente su comportamiento con los menores. ¿Qué dice frente a este testimonio, que fue dado a cara descubierta?

-Es hijo de un gran amigo mío, Roberto Peregrino Salcedo, quien me pidió que lo ayudara. Llevaba chatarra de la fundación. Y terminó haciéndonos un juicio laboral… 

-Una mujer que trabaja en la panadería de Felices los Niños tampoco habló bien de su relación con los chicos.
-Sé que estaba mal porque separamos al marido de la Fundación por un problema que había tenido en el trato con los pibes. Creo que eso fue lo que la llevó a difamarme.

-¿Es cierto que a sugerencia del Vaticano usted fue separado de la presidencia de la Fundación?
-Otra mentira. Cuando comenzaron las denuncias anónimas en mi contra, en el 2000, me presenté ante la justicia. Y monseñor Justo Laguna me pidió que no me ocupara de las cuestiones legales y me dedicara a un rol más espiritual, con mayor libertad para encarar mis proyectos. Le pregunté si eso significaba que me debía alejar de la Fundación. Me dijo que no, y me aseguró que así iba a tener más tiempo para los chicos. Entonces acepté.

-¿Usted desconfía del juez y los fiscales? Parece insinuar que no están evaluando bien las pruebas en su contra.
-Debe ser que la ley les permite proceder como lo hicieron. Parece que basta que una persona haya pasado quince minutos por nuestra vida y pueda testimoniar que se cometió un abuso con él. Mientras tanto, uno permanece prisionero injustamente. 

-Disculpe, padre, pero es público que el fiscal aseguró que en la causa hay unos treinta testimonios contra usted.
-Tengo la tranquilidad de que no cometí ningún acto obsceno, pecado ni delito de los que se me imputa. 

-Padre, si usted estuviera mintiendo cuando proclama su inocencia, ¿cree que Dios se lo perdonaría?
-Esa hipótesis no me cabe, porque soy inocente. Esto es una injusticia totalmente armada. Bastó encontrar un grupo de empleados embroncados conmigo, un programa de investigación que necesitaba un momento fuerte, un interesado en apoyar esto, y bueno… los chicos son frágiles y están abusando de ellos a través de los medios injustos que utilizamos los hombres para vengarnos.

-Padre, insisto, ¿no le parece que la teoría del complot es poco creíble? ¿Cómo se hace para que tanta gente de diferentes ámbitos se ponga de acuerdo para perjudicarlo?
-Mire, le aseguro que esto es algo orquestado. Pero no sé de donde viene ni quiénes participan. Espero que la justicia pueda aclararlo. Quiero salir de este infierno en el que estoy viviendo.

-En los medios aparecieron los nombres de Jorge Corcho Rodríguez y Susana Giménez, debido a los problemas que usted tuvo con ellos en el pasado. ¿Supone que estas personas pueden estar detrás de este complot al que usted se refiere?
-Sé que Hard Comunication no terminó en buena relación conmigo, pero si yo los acusara sería tan injusto como lo son aquellos que me acusan a mí. 

-Padre, ¿cuál es la situacion de Juan Domingo Pérez, el director de los institutos, que según la investigación no puede acercarse a su familia por malos tratos?
-Sabía que ellos tenían problemas familiares, pero no que habían llegado a ese extremo. Tal vez se tuvo buena voluntad al decir que esta persona no podía estar al frente de los chicos, pero si a mí me preguntan cómo fue Juan Domingo al frente de la Fundación, no tengo nada que decir. Tendrá defectos, pero entregaba la vida ahí adentro.

-Si a usted le constara que ese hombre casi le arrancó el cuero cabelludo a un hijo, como señala el informe, ¿lo pondría a cargo de los chicos de la Fundación?

-No tendría un padre golpeador, ni un alcohólico, ni un adicto, ni un abusador ni un ladrón. Yo, hasta el momento, en Juan Domingo no vi ninguno de esos pecados.

-Usted pasó de ángel a demonio de un día para el otro.
-Pero la gente, en su mayoría, no lo creyó. ¿Se pusieron a pensar eso? Y lo digo con dolor y bronca porque estoy preso. ¿Pensaron que la gente tiene algo adentro que le permite ver la realidad aunque se la mostremos como no es?

-¿No cree que a medida que pasa más días en la cárcel su imagen se perjudica?
-Eso les conviene a quienes buscan más pruebas para imputarme. Pero la gente sabe cuándo se le dice la verdad y cuándo se le arman mentiras. 

-¿Dice que el juez no se daría cuenta si le estuvieran vendiendo información trucha?
-Espero que el juez analice las cosas como corresponde y me dicte la falta de mérito.

-Pero lo metió preso, padre. No es una medida así nomás…
-Es algo que no tiene fundamento. Por hablar fácil, se ha cometido un grave error.

-¿Cree que lo prejuzgó el juez Meade?
-Eso lo dejo a mis abogados. Pero hubos cosas ofensivas.

-¿Lo de la suite nupcial, por ejemplo?
-Exacto. Más, teniendo en cuenta que lo conozco desde hace dos años.

-También dijo que le sugirió que controlara el tema de su sexualidad.
-Eso nunca me lo dijo.

-Usted les da de comer a 6.500 chicos, tiene un predio enorme, se codeaba con los famosos. ¿Se sentía un hombre poderoso?
-No vivo el poder como otras personas. Si tengo que ir a un lugar, hago la cola. Si viajo en avión voy en clase turista, me visto humildemente. Busqué ser conocido para conseguir fondos para los chicos. Para mí, el poder es poder hacer.

-¿Va a aceptar lo que diga la justicia?
-Si me condenan, no. Mis hijos van a ver que el papá murió peleando. Cristo nos mostró el camino de la cruz, ejecutado por delitos que no cometió. Yo no me puedo comparar a un clavo de Jesús. Yo soy un pobre pecador que hice lo que pude.

-Pero la circunstancia que le toca vivir es muy fuerte. ¿No cree que está demasiado cuestionado? 
-A Cristo también lo cuestionaron. Lo que sucede es que cuando miramos la crucifixión le ponemos música de fondo, y yo no creo que Él haya tenido música de fondo cuando lo insultaban y escupían en la cara. Lo coronaron de espinas, y a mí me coronaron con el falso testimonio. A mí no me mataron en mi cuerpo, me mataron en mi moral. Pero voy a seguir de pie.

-Padre, cuando reza en estos días, ¿de qué habla con Dios?
-En estos días no pude rezar mucho, pero me siento en la Cruz, me siento crucificado.

-¿Por qué no puede rezar?
-Cristo en la Cruz no rezó mucho. Siento la presencia de Dios todo el día. Y le pido que me saque de esta injusticia. Celebro la misa casi en silencio, solo. Tomo el rosario, y a veces no puedo terminar los Avemaría. 

-¿Siente que Dios le contesta?
-Cristo, cuando estaba en la cruz, dijo: 'Padre mío, por qué me has abandonado'. Y yo le grito varias veces a Dios, con bronca: '¿Por qué me abandonaste? ¿De qué te sirve que alguien que vivía en la actividad ahora viva en la pasividad?'

-¿Por qué cree que lo abandonó?
-No creo que Dios haya dejado de creerme. Pero sí que me dio esta prueba durísima. Quizás Dios necesite mi inmolación para el bien de la obra.

por Miguel Braillard y Hugo Martin
fotos: Leandro Montini

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E N C U E S T A
Padre Grassi:
¿Inocente o culpable?




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