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4/11/2007

Fuente: Clarin

Otra falsa denuncia de abuso

Lo condenaron por violar a su hija, pero la nena dice que es mentira

PIDEN QUE SE REVISE LA SENTENCIA

Hace siete años que está preso. Lo condenaron a partir de una denuncia de su mujer, sin más pruebas. Ahora la chica se reencontró con su padre y pide su libertad porque dice que todo fue un invento de su madre.

Por: Jesús Rodríguez
Fuente: SALTA. CORRESPONSAL

CON EL ALMA. RENE RISSO SE ABRAZA CON SU HIJA, TRAS SIETE AÑOS DE SEPARACION. LA CHICA VIVE CON SU TIA PATERNA.
CON EL ALMA. RENE RISSO SE ABRAZA CON SU HIJA, TRAS SIETE AÑOS DE SEPARACION. LA CHICA VIVE CON SU TIA PATERNA.
René Elfego Risso lleva siete años en el penal de Villa Las Rosas, en la capital salteña. Está preso allí porque su mujer decidió denunciarlo por violar a su propia hija y un tribunal oral, sin más pruebas, lo condenó. El caso ahora parece revelarse como una auténtica injusticia: la supuesta víctima acaba de declarar que su padre jamás abusó de ella y que todo fue un invento de su madre.

La verdadera historia empezó a revelarse en mayo, cuando la nena -hoy de 13 años- se fugó de la casa de su madre. El motivo: la nueva pareja de la mujer había abusado de ella. Se refugió en lo de su tía paterna, Dorna Cruz, y le contó la verdad. El siguiente paso fue presentarse ante la Justicia y volver a ver, tras siete años de separación, a su padre, quien la perdonó. Clarín estuvo presente en ese emotivo reencuentro.

LA DENUNCIA Y LAS PRUEBAS

Consecuencias devastadoras

Por: Ricardo V. Canaletti

Para condenar, un juez debe estar convencido de la culpabilidad del acusado. Tiene a su disposición las pruebas del caso para basar su convencimiento o, eventualmente, sus dudas. En este asunto tan delicado de Salta se mezcla la posibilidad de que la denuncia de la mamá de la nena fuese cierta junto con la sospecha de que con esa presentación se haya burlado de la Justicia, utilizado vilmente a una criatura (su propia hija), todo ello para poder sustituir sin mayores problemas a su marido por otro hombre (luego se vio que fueron varios). Surge con claridad, entonces, que con la denuncia sola no alcanza para formar un juicio de culpabilidad.

En casos de prueba tan difícil (lo suelen ser los de abuso y, especialmente, los de agresión sexual contra los propios hijos) es saludable encarar la investigación sin ningún tipo de prejuicio.

Todo el juicio es una prueba para saber si algo ha ocurrido, dentro de las limitaciones que tiene el hombre para conocer la verdad.

El juicio no es cumplir ciertas reglas y nada más, porque entonces bastaría con máquinas convenientemente preparadas, como las que están destinadas a dejar un sello en un formulario, para resolver pleitos criminales. Por otro lado, el proceso penal tampoco es una obra de teatro, donde el juez decide según los actores representen convincentemente o no su papel.

En fin, una denuncia no es una verdad revelada pues, si bastara denunciar, no habría más inocentes; o a todos se nos presumiría culpables. La denuncia hay que someterla a experimento, a prueba. Y esto es lo que no se hizo en Salta. Consecuencia: un hombre encerrado sin que se haya corroborado la denuncia y una nena privada del amor paterno y acaso sometida a abuso por una de las parejas siguientes de su mamá. La conclusión es patente: cuando la Justicia hace las cosas mal, los efectos son devastadores.

"En el 2000 yo tenía 6 años. Mi madre, Sofía Estela Basilonge, acusó a mi padre de haberme violado", dice el escrito judicial presentado en nombre de la chica (aquí se la identificará como Soledad, aunque no se llama así) por el abogado de René Risso, Carlos Anún. "Me revisaron los médicos y uno de ellos dijo que no era cierto, que yo no estaba desflorada y que sólo tenía una irritación por falta de higiene. Cuando fui a declarar la verdad en el juicio no me dejaron entrar. Mi padre fue condenado".

El pedido de revisión quedó en manos de la fiscalía del Juzgado de 6ª Nominación de Salta, donde el martes habrá una audiencia. A partir de allí se verá si se revoca la condena a 12 años de prisión dictada contra René Risso por el Tribunal de Tartagal.

Para la Justicia, la violación ocurrió a las dos de la tarde del 28 de mayo de 2000 en Morillo, un pueblo de 10.000 habitantes ubicado a 405 kilómetros de Salta. La denuncia de la madre de la chica incluía a otros tres hombres -un vecino y sus hijos-, pero estos terminaron absueltos por falta de pruebas en el juicio.

La madre de Soledad había dejado a René tiempo antes de la denuncia. La chica, igual que sus dos hermanitos menores -hoy de 10 y 12 años- habían quedado al cuidado de Dorna, la hermana del padre. "A las seis de la tarde de aquel día, la Policía se llevó a Soledad. Mis vecinos quedaron detenidos. Y a las once de la noche, cuando llegó de trabajar en el monte (era hachero y chofer), detuvieron a mi hermano", recuerda hoy la mujer.

Tras el juicio, Soledad volvió a vivir con su madre, quien se había juntado con otro hombre. Según la chica, éste la manoseaba con consentimiento de la mujer, quien al final terminó por denunciarlo por violación para poder abandonarlo por otro. La nueva pareja, por último, la violó. Y ella escapó.

Soledad volvió a lo de su tía, en mayo último, y le contó todo su periplo. Pero le dijo algo más: "Mi papá es inocente: él no me violó. Mi mamá inventó que me habían violado varios hombres para hacerlo meter preso y así juntarse con otro".

René, hoy de 44 años, recibió la noticia hace un mes en la cárcel. "Cuando Dorna me lo contó, fue una sorpresa tremenda. Pero yo nunca perdí la esperanza de que mi hija algún día se diera cuenta de que jamás le hice nada, como lo denunció su mamá. En el juicio nadie me creyó que era inocente", le cuenta a Clarín en pleno reencuentro con su hija.

"Me condenaron porque la madre inventó todo", agrega. "En el juicio no me dejaron presentar a mis testigos, compañeros que me vieron trabajando en el campo a la hora en que dicen que fue la violación. Yo pedía también que hicieran declarar a mi hija, porque los niños no mienten. No la dejaron". Un médico declaró que la nena era virgen. Otro, que no la había revisado por "pudor". La condena llegó igual.

Hace tres semanas, Dorna le anticipó a su hermano que iba a presentar la retractación con Soledad y le dijo que su hija quería verlo. El reencuentro se produjo ante Clarín en el Barrio San Ignacio, donde vive Emilce, una pastora evangelista que conoció a René en la cárcel y se enamoró de él. El hombre pudo ir por una salida transitoria.

Mate amargo por medio, René y Soledad hablan de sus historias. "Hoy puedo abrazar a mi padre porque nunca me hizo nada: él es inocente, y ahora que mi madre se haga cargo de su mentira", dice la chica ante Clarín. Su padre la mira con emoción.

"¿Qué voy a hacer si recupero mi libertad?", pregunta René. "Me caso con Emilce", responde. Y vuelve a abrazar a la nena.


HABLA SOLEDAD, LA CHICA QUE DESMINTIO LA DENUNCIA

"Hoy puedo abrazar a mi padre: es inocente"

El abrazo entre René y Soledad parece no tener fin. El le acomoda el cabello con suavidad; ella lo toma por la cintura. No dejan de mirarse a los ojos: hace más de siete años que no se ven y ahora parecen haber recobrado una paz perdida mucho tiempo atrás.

-¿Por qué recién después de siete años decidiste contarle la verdad a la Justicia?-, le pregunta Clarín a la chica.

-Hasta los once años yo no sabía lo que era una violación. Me enteré porque mi mamá, cuando estaba embarazada de su cuarto hijo, me exigía que tuviera relaciones con su nuevo concubino. El me manoseaba. Y, cuando se quiso ir de la casa y dejarla, ella lo denunció a la Policía diciendo que me había violado, como había hecho con mi papá.

-¿Qué pasó con él?

-Fue preso y demoró en salir. Cuando al final salió en libertad, mi mamá ya estaba juntada con un hombre de 25 años, mucho menor que ella (tiene 33). El año pasado, mi mamá quedó embarazada otra vez y me exigió que durmiera con él. Tenía miedo de que la abandonara. Como yo me negaba, comenzó a castigarme a lonjazos porque no le hacía caso.

-¿Te hizo algo el muchacho?

-Sí, se abusó. Entonces empecé a buscar la forma de escaparme de la casa. Y en mayo pasado, una vez en que me quedé sola, corrí como seis cuadras hasta la casa de mi tía Dorna. A ella le conté lo que estaba pasando y no me dejó volver con mi mamá. Me llevó al médico y encontraron que tengo sífilis. El doctor le dijo que eso sólo se transmitía por el sexo, así que mi tía lo denunció a este hombre por violación.

-¿Cuándo le contaste a tu tía la verdad sobre tu padre?

-Unos días más adelante de volver a estar con ella, porque siempre recordaba que mi mamá me pedía que dijera que mi papá me había violado, si alguien me lo preguntaba. Pero hoy estoy feliz. Hoy puedo abrazar a mi padre porque nunca me hizo nada: él es inocente, y ahora que mi madre se haga cargo de su mentira.

JESUS RODRIGUEZ.
CORRESPONSAL

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