Opiniones

5/11/2002

Fuente: Política y actualidad

En defensa del periodismo

En este texto el periodista Gustavo Jalife analiza el tratamiento de la información en torno al caso del Padre Grassi en lo ateniente a la responsabilidad de la prensa en este tipo de situaciones y el accionar de la Justicia. Para ello, toma como ejemplo un artículo publicado en el Diario La Nación, firmado por Joaquín Morales Solá.

El periodista Joaquín Morales Solá ha escrito una columna que el diario La Nación publicó en primera plana el 25 de octubre. La pieza, titulada 'Las diferencias que separan al padre Grassi de la Iglesia', relata una parte de la historia pública del sacerdote católico preso desde las primeras horas del 24 de octubre. Sin embargo, Joaquín Morales Solá en ningún momento se refiere al verdadero motivo por el cual la figura del ministro de la fe es noticia desde la noche del miércoles 23 de octubre.

Ese día a las 23:00 horas Canal 13 emitió una investigación titulada 'Yo, Grassi'. En la misma los periodistas a cargo del programa 'Telenoche Investiga' llegaron a la conclusión de que Julio César Grassi abusó sexualmente de menores a su cargo en la fundación 'Felices los Niños', institución de la cual el sacerdote es el presidente.

Sea cual sea la verdad y termine como termine esta historia, el punto en cuestión, en torno al cual se ha abierto un sano debate en toda la sociedad, es el siguiente: ¿Debe un juez poner en prisión a una persona animado por el alto impacto que produce en la opinión pública las imágenes sugerentes de un programa de TV? A mi modo de ver el programa sólo procuró el escándalo. Su único propósito fue levantar dramáticamante su rating en medio de una de las más grandes crisis publicitarias que recuerde la televisión argentina.

El programa no aportó pruebas. Sólo sugiere con medias palabras y alusiones tendenciosas lo que ya estaba dictaminado desde antes de empezar a realizarse. Una suerte de dibujo de producción análogo al que un contador hace cuando ajusta el balance para que del mismo resulte el número que necesita obtener de antemano.

Morales Solá nos informa de las vinculaciones de Grassi con Menem y Cavallo; de su intensa participación mediática y de su distanciamiento con Monseñor Justo Laguna. También, del manejo de grandes sumas de dinero y de su nula participación en la Mesa de Diálogo. Utiliza una forma alambicada de la acusación para señalar: 'Sólo una minoría conocía los entretejidos políticos y financieros de un sacerdote que contaba con una mayoría social, ...'

Entre anónimas minorías y difusas mayorías Joaquín Morales Solá se olvida de informarnos de quién está hablando y de a qué clase de entretejidos políticos y financieros se refiere. Olvida precisamente que es periodista. Olvida informar y escribe como un propagandista.

Alaba sin rodeos a Monseñor Jorge Casaretto y a Monseñor Laguna y ensaya una suerte de comparación entre estos dos distinguidos prelados y el cura preso, sin que medien razones para que esa suerte de cotejo de virtudes con supuestos defectos tenga lugar.

¿A qué vienen todas esas extrañas referencias y desubicadas comparaciones? ¿No será que Morales Solá nos quiere decir que Grassi ha sido correctamente encarcelado aunque no sea por las razones que para Joaquín Morales Solá son las correctas? Sus argumentos recuerdan al cínico comentario de moda en la década del 70 cuando desde la comodidad acrítica, inclusive en redacciones de diarios, muchos decían 'Por algo será' cuando se les informaba que determinada persona había sido muerta o desaparecida por la dictadura militar.

No se trata aquí de defender a Grassi. Sí se trata de condenar un procedimiento que parece invertir la carga de la prueba, principio sagrado del derecho. Si el criterio utilizado para defenestrar y encarcelar al sacerdote se generaliza, mañana cualquier persona deberá probar su inocencia esposado por que un vecino influyente decidió contarle al juez de turno supuestos crímenes del acusado aunque sin aportar la sombra de una prueba. Por lo demás, poner bajo arresto a una persona al voleo, porque a la televisión se le ocurrió empalarlo sin más trámites, es algo así como comenzar a arrojar bombas atómicas sobre distintos pueblos hasta destruir aquel que aloja al criminal buscado.

El análisis de Joaquín Morales Solá es poco serio pues se ocupa de resaltar acciones supuestamente incorrectas del sacerdote cuando su encarcelamiento se produce por motivos que nada tienen que ver con lo que Joaquín Morales Solá relata. Es como si dijera: 'A mi no me importa saber cuáles son los motivos por los que está preso, ni siquiera me interesa saber si está justamente preso, pero como a mi no me agrada por otras cosas que hizo, bien preso está.'

Todas las instituciones del país viven momentos de zozobra, sin excepciones. El periodismo no está al márgen. 'Telenoche Investiga' es sólo una muestra de lo bajo que puede caer la labor de prensa. Un periodista del calibre de Morales Solá debería dar el ejemplo, despojarse de sus rencores personales y ofrecer una forma distinta de ejercer una profesión cuyo único objetivo debe ser contarle a la gente la verdad de lo que pasa.

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E N C U E S T A
Padre Grassi:
¿Inocente o culpable?




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