Opiniones

26/10/2002

Fuente: Rio Negro_on line

Solidaridad equivocada

Es bien posible que Julio César Grassi, el sacerdote católico que fue detenido por la policía luego de ser acusado de "abuso deshonesto agravado y reiterado" de menores en base al contenido de un programa televisivo, haya sido, como afirma, víctima de un complot extorsivo: en tal caso, será de esperar que la Justicia lo aclare muy pronto y que sean identificados los responsables de difamarlo. Por cierto, a raíz de su perfil público el padre Grassi sería un blanco muy tentador para sus muchos enemigos, entre ellos personajes con antecedentes criminales: nadie ignora que es una figura mediática vinculada con políticos y con la farándula que ha aprovechado tales conexiones para conseguir fondos cuantiosos para la Fundación Felices Los Niños que dirige. De no haber sido cuestión de una personalidad tan célebre, el caso no hubiera tenido más repercusión que la originada por otros similares que de vez en cuando han merecido la atención de los medios de prensa. De todos modos, no cabe duda de que, pase lo que pasare, el penoso episodio en el que el padre Grassi se ha visto envuelto lo perjudicará mucho personalmente. También es de prever que afecte a la Iglesia Católica que a partir del Proceso ha logrado recuperar, erigiéndose en enemiga vehemente del "modelo liberal", la influencia que había perdido por la actuación de los muchos dignatarios que habían colaborado con los culpables de violar brutal y sistemáticamente los derechos humanos de los presuntos "subversivos". En otros países como Irlanda y Estados Unidos, los escándalos sexuales protagonizados por sacerdotes, sobre todo por los abusadores de menores, han servido para privar a la Iglesia Católica de buena parte de su autoridad moral y, por lo tanto, de su influencia política, y no hay motivos para suponer que el mismo fenómeno no pudiera repetirse en la Argentina a menos que haya aprendido algo de lo sucedido últimamente en el resto del mundo. Por supuesto que muchos fieles optarían por descreer de las acusaciones contra el padre Grassi aunque la Justicia terminara corroborándolas, pero esto no sería suficiente como para impedir que el affaire tuviera consecuencias muy negativas para la Iglesia. Si bien no la han beneficiado en absoluto las revelaciones escabrosas que cobraron estado público, los problemas recientes que han afectado a la Iglesia Católica en los países avanzados no se debieron tanto a que arzobispos, obispos y sacerdotes determinados hayan resultado ser hombres débiles o, en algunos casos, despreciables, cuanto a los esfuerzos resueltos de la institución como tal por encubrir sus delitos, limitándose a mandar a individuos que han sido denunciados por docenas de abusos a nuevas parroquias donde reincidirían y a presionar a los testigos para que no dijeran nada sobre lo ocurrido. Parece que a raíz de los escándalos sumamente costosos involucrando a paidófilos clericales que se han producido en Estados Unidos se ha modificado la actitud oficial del Vaticano que, durante muchos años, brindaba la impresión de atribuir todas las denuncias a una "campaña", pero por ser una institución más que milenaria no le es fácil cambiar prácticas históricas propias de épocas en las que en efecto formaba parte de los regímenes poco democráticos dominantes. Sin embargo, en vista de los perjuicios tremendos que le han ocasionado los intentos torpes de la jerarquía de privilegiar a los clérigos, enojándose mucho más por la difusión de los detalles de los crímenes cometidos que por el hecho de que los hubieran perpetrado, sin manifestar ninguna simpatía por las víctimas, es de suponer que las máximas autoridades eclesiásticas ya entienden muy bien que a esta altura una nueva manifestación del corporativismo tradicional le será contraproducente. Además, no ayudaría en absoluto al padre Grassi que, en el caso de que sea inocente de los cargos, debería estar en condiciones de desenmascarar a sus acusadores sin necesitar contar ni con las presiones de diverso tipo que en otras épocas hubiera empleado la Iglesia ni con los favores de aquellos que, por creerlo el símbolo de cierta corriente política, están más interesados en descalificar a quienes lo han denunciado que en intentar averiguar la verdad.

Link permanente a este ítem

E N C U E S T A
Padre Grassi:
¿Inocente o culpable?




Ver resultados
(Luego de votar cierre la ventana)
Comienzo encuesta: 21/12/2008