Opiniones

25/11/2004

Fuente: La Nación

¿"El Jefe"?

Jorge Rodríguez, quien fuera integrante de Hard Communication, considerado uno de los más grandes "enemigos del Padre Grassi", en esta nota destila veneno contra el Fundador de Felices los Niños. Más allá de lo anecdótico de la coyuntura del reportaje, invitamos a los lectores a leer con atención lo que dice del Padre Grassi y el posicionamiento que asume ante él, su conocimiento de una causa judicial que todavía no existía ("como hombre lo va juzgar la justicia", dijo al ser absuelto un mes antes del programa de Telenoche Investiga contra el sacerdote). Al leerlo y releerlo saquen sus propias conclusiones.

Dr. Ricardo Muro


Fuente: La Nación

Jorge "Corcho" Rodríguez
Un personaje que busca nuevos escenarios

Con su productora RedLojo alienta proyectos para incursionar en el cine, el teatro y la televisión
  • El responsable de "Patoruzito" ya está preparando la secuela
  • Además, producirá una tira con Andrea del Boca, un film dirigido por Eugenio Zanetti y "El mago de Oz"
  • A los 17 años, Jorge "Corcho" Rodríguez ya se había diseñado sus propias tarjetas. Decían: Rodríguez. Publicidad Internacional. CEO. Management y algunos altos cargos más que ni él mismo recuerda. A los 42, su tarjeta es absolutamente blanca y sólo lleva escrito su nombre. Ni siquiera un teléfono. "Pero si tuviera que poner un cargo, pondría jefe. Yo soy un jefe", asegura, recostado en el sillón de sus nuevas oficinas, rodeado de fotos de Susana Giménez, y una verdadera moto en miniatura.

    Jefe, así, a secas. Con cargo o no, lo cierto es que a los 14 años dejó el secundario; a los 17 creó su propia empresa de publicidad; a los 21 tuvo su cátedra en la por entonces nueva carrera de Diseño de la UBA, y más tarde armó Hard Communication, Shock Entertainment, y la más actual productora de cine, teatro y TV, RedLojo, responsable de la taquillera "Patoruzito" y de varios proyectos más.

    Lo cierto es que en ese extraño y sinuoso camino, que lo llevó de Villa Martelli a las súper protegidas oficinas de Martínez, el ex novio de Susana Giménez, se rodeó de personas clave, casi siempre cercanas al poder, y muchas veces, controvertidas. "Yo soy un tipo de la calle. Ahí conocí a mucha gente importante. A Rodolfo Galimberti lo conocí en moto, un día de invierno. Llovía. Nadie anda en moto un día así. Nosotros dos éramos los únicos. Solamente eso merece el respeto mutuo. Ese día nos sentamos y estuvimos hablando doce horas seguidas". El resto es conocido: él, el ex jefe montonero, Galimberti y su ex víctima, Jorge Born, fundaron Hard Comunication, la empresa que terminó disuelta tras el escándalo de las 0-600 y el padre Grassi. Entre sus socios también se cuenta al abogado del ex presidente Carlos Menem, Oscar Salvi.

    Rodríguez es una máquina de citar frases. De Leonardo Da Vinci, de un amigo árabe, de Pappo, de hombres que se cruzó alguna vez. Pero sus favoritas parecen venir del samurái: "Yo soy un guerrero. El samurái dice: «Llorar en el dojo y sonreír en el campo de batalla»".

    Con esa sola frase, Rodríguez explica muchas cosas. Y a sí mismo también. Esa frase es clave, por ejemplo, para entender su temple de acero cuando su padre estuvo secuestrado. "Más allá de la gravedad, yo tenía una sola cosa en la cabeza: quería encontrar a mi papá y matar a los que se lo llevaron. Y de la misma manera que digo que quiero hacer de esta compañía una de las más importantes en el mundo del espectáculo; en aquel momento tenía en mi cabeza, en mi corazón y en mi alma encontrar a mi papá".

    Con ese pensamiento como máxima, Rodríguez dice que no le es difícil alcanzar los objetivos. Casi místico, está convencido de que todo es una cuestión de energía. "No paro hasta conseguir lo que quiero. No es tan complicado: yo lo visualizo, y cuando uno pone mucha energía en algo, eso se materializa. Yo creo en la energía. La energía es lo único que mantiene un avión en vuelo, porque los aviones no vuelan."

    Rodríguez no es un hombre de cine, ni del teatro, ni de la TV, pero está convencido de que de aquí a cuatro años, convertirá a RedLojo en una "empresa con proyección internacional".

    -¿Qué proyectos tiene con la productora?

    -RedLojo tiene proyectos que tienen que funcionar en la Argentina. Pero nuestro objetivo es el mundo. Por eso, "Patoruzito 2" va a tener toques que lo hagan entrar en el mundo. Y ya entró porque hay muchas empresas internacionales interesadas en el producto. De hecho, me voy a Los Angeles a reunirme con la gente de DreamWorks que quiere saber de qué se trata.

    -¿De quién aprendió lo que sabe de este medio?

    -Cada uno te enseña algo. Susana (Giménez) me enseñó mucho porque es una gran productora. Mirándola, escuchándola, aprendí mucho, sin saber que iba a hacer esto después. Pero también de Gustavo Yankelevich, que nació adentro de una caja de televisión; de Claudio Villarruel, de todos. Yo escucho y aprendo de todos.

    -Dice que todo es cuestión de energía, pero siempre tiene un socio importante...

    -Yo construyo mucho las relaciones. Como no pienso en la plata, eso pega la vuelta, siempre. Tengo una cantidad enorme de amigos en el mundo y tengo los mismos amigos que hace 32 años. Y eso paga, porque cuando llamás al tipo que es el presidente de una compañía de Los Angeles, al que yo hace tres años le hice un favor sin saber quién era, él responde. Y eso no tiene que ver con el poder. Es la relación.

    -¿Alguna vez le falló ese razonamiento?

    -Viendo mi vida y la de los que me fallaron, les salió mal a ellos.

    -¿Lo dice por el padre Grassi?

    -No sé. Grassi fue un señor que, como dije el día que nos absolvieron en el juicio: «Como hombre lo va a juzgar la Justicia, y como cura, Dios». El se perjudicó a sí mismo. Y bueno, yo estoy donde estoy y él está donde está. Yo confío. Si no confío no lo tengo al lado, no hago negocios. Esto me lo enseñó un amigo árabe: «Vos Jorge, pensá primero con quién haces las cosas, y después qué hacés».

    -Parece demasiado simple para ser dueño de una fortuna...

    -Es que el secreto es ser muy simple. Cuando viviste determinadas cosas y conociste determinada gente, llega un momento en que corrés todos los cosméticos. ¿Cómo puede ser que un tipo de Villa Martelli, que soy yo, termine siendo amigo de Jorge Born? Pasa por ser auténtico, por no vender nada distinto de lo que soy. De chico aprendí que si sos auténtico, la plata es una consecuencia. Es como el respeto, la gente te respeta o no. Y naturalmente hay uno que es el jefe. Y yo soy eso: un tipo muy simple.

    -Pero el jefe... -Sí. Yo soy un jefe.

    Verónica Bonacchi

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    E N C U E S T A
    Padre Grassi:
    ¿Inocente o culpable?




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