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23/8/1998

Fuente: La Nación

Los sorteos de Susana Giménez
La fundación del padre Grassi ayuda a cientos de chicos

Felices los Niños: tiene varios hogares en territorio bonaerense y en la Capital; cuenta con el apoyo del gobierno nacional.

La Fundación Felices los Niños, que dirige el padre Julio César Grassi, desarrolla una obra destinada a proteger a los niños carecientes y a rescatar a algunos de los que trabajan en la calle.

Su columna vertebral es la Obra de Don Bosco, un hogar-escuela situado en la localidad bonaerense de Hurlingham, donde estudian 750 chicos, de los cuales más de 200 viven en el hogar.

"Además, tenemos otro hogar más pequeño en Chacarita, en el que viven 27 chicos, y tres casas en San Martín, José León Suárez y Ezeiza, a las que asisten más de cien chicos de la calle", añade Grassi.

En total, el trabajo que la fundación está desarrollando sirve para que cerca de mil chicos provenientes de familias con escasos recursos puedan tener alimento, contención, apoyo escolar y cuidados sanitarios.

Una recorrida por el hogar que funciona en Hurlingham permitió conocer los alcances de la obra de este sacerdote que se autoproclama "figurita repetida" por su aparición en diversos programas de televisión.

Al grito de "padre Julio", los niños que lo ven corren a saludarlo y abrazarlo. La mayoría de ellos proviene de diferentes juzgados de menores, víctimas de malos tratos, generalmente por parte de su familia.

"Pero ninguno de los chicos está solo en el mundo. Por eso, trabajamos también con sus familiares. No queremos que se queden aquí indefinidamente. Nuestro objetivo es que un día puedan volver con ellos", puntualiza Grassi.

Ayuda del Gobierno

El hogar Don Bosco funciona en un predio de 65 hectáreas donado por el gobierno nacional en 1993.

El terreno pertenecía al Instituto Forestal Nacional (Ifona), que dejó de funcionar en 1992, y del cual conserva una innumerable cantidad de especies de árboles. Según fuentes confiables, muchas de ellas son únicas en América del Sur.

En aquella oportunidad, y gracias a la amistad que entabló con el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo, la fundación recibió además un subsidio que, según el propio Grassi, fue de casi cinco millones de pesos.

Del ex Ifona se aprovecharon pocas construcciones. Actualmente, la obra tiene varias edificaciones importantes y todas respetan un mismo estilo arquitectónico: paredes blancas y techos verdes a cuatro aguas.

En los cinco años que el hogar lleva funcionando, se construyeron la escuela, que alberga a 500 alumnos, y el jardín de infantes, al que asisten otros 250.

Además, posee cinco casas que habitan niños y adolescentes. Cuatro de ellas fueron construidas en forma reciente. Para la quinta se aprovechó una edificación preexistente. En ella viven los adolescentes y el mismo Grassi.

"El criterio que usamos para organizar las diferentes casas tiene que ver con la edad, el sexo y la situación de los chicos", explica el sacerdote.

Visión de futuro

En estos días se están construyendo, además, una plaza detrás de la escuela (para lo que debieron talarse varios árboles), una casa de salud y otra para que los varones puedan vivir con mayor comodidad y que será similar a la utilizada por las niñas y las adolescentes.

Para esta última, Grassi afirma estar utilizando los controvertidos fondos que su fundación obtuvo de la empresa Hard Communication como beneficiaria del juego "Su llamada".

La obra también cuenta con varios talleres, una huerta, una granja y una panadería que, además del abastecimiento interno, provee diariamente de pan a otros hogares de la zona.

Pero Grassi sueña con más. "Tenemos planeado comenzar a construir la escuela secundaria en un futuro no muy lejano. Además, queremos organizar un hogar para chicos discapacitados de la calle, y otro para abuelos y abuelas de la calle."

Sin embargo, el padre prefiere caminar sobre seguro, y sin abandonar sus sueños explica sus motivos: "Construir es fácil. Lo difícil después es mantener".

Lorena Oliva

Siempre tras donantes

Para poder cumplir con todos los objetivos que se propone, la Fundación Felices los Niños necesita contar además con el firme apoyo de empresas y particulares a través de sus donaciones.

Algunos de los benefactores más conocidos son Domingo Cavallo, Bernardo Neustadt, Hugo Moser y Manuel García Ferré. Entre las empresas, se puede citar a YPF, Capex (proveedora de electricidad), Bunge y Born, y Compaq.

"Muchas organizaciones empiezan a donar, pero después dejan de hacerlo. Yo apelo a que las empresas se comprometan, porque acá tenemos gastos todo el año.

"Si bien el salario de los docentes lo paga la provincia, nosotros nos encargamos de los del resto del personal: cerca de 120 empleados", explica Grassi.

La necesidad de tener que estar siempre en la búsqueda de nuevos donantes hace que el padre poco pueda disfrutar del diario contacto con los chicos.

"La clave está en saber delegar. Cada casa está a cargo de una persona responsable con la que mensualmente nos reunimos para fijar pautas. Quisiera poder estar más en contacto con los chicos. Tal vez cuando nuestra situación económica se estabilice pueda lograrlo", concluyó.

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