Opiniones

15/9/2003

Fuente: Acción Penal

TELEVISION AMARILLA

Por Dr. Federico G. Figueroa
 

La televisión amarilla es aquella que olvidando sus deberes de información y el respeto a la verdad conforma un periodismo sensacionalista con fines exclusivamente lucrativos. Se sustenta en ambiguos y confusos rumores que difunde mediante la utilización de copetes escandalosos e infamantes. En nuestro ámbito, los delitos sexuales despiertan en nuestros queridos informantes una excitación de extrema perversidad que pone en crisis la tramitación de las causas penales, desbordando la seriedad y reserva reclamadas por cuestiones de esta naturaleza. El delito y sexo despiertan pasiones multitudinarias promoviendo el derecho penal del conventillo tras el mayor lucro posible. Las causas penales se convierten en herramientas mágicas que se emplean con un claro propósito de discriminación religiosa. La suma de las expresiones televisivas explicitan un particular inventario de mal pensados, envidiosos, celosos, competidores desleales, rencorosos y mentirosos. Los hechos investigados, en cuanto comprometen a religiosos y pastores, trascienden el marco de lo singular para comprender a la institución que integran o representan. En la vieja Roma los cristianos fueron perseguidos indiscriminadamente por abuso sexual. A su vez, la Iglesia también recurrió al mismo procedimiento para la exclusión de sus competidores. En nuestro país, la persecución de las sectas es un ejemplo, diríamos un mal ejemplo, con el cual se ha pretendido instrumentar la exclusión de las minorías, recordando, entre otras, la persecución a que fueran sometidos los Niños de Dios y los integrantes de la Escuela de Yoga; persecución que ha disminuido pero no extinguido completamente. El pez por la boca muere. La Iglesia sufre ahora un cierto desprestigio promovido por una caza de brujas mediática que, a mi juicio, no debe admitirse en silencio, porque la generalización de las imputaciones individuales, tarde o temprano, afectará el ejercicio de la libertad religiosa, fuente de las libertades individuales. Naturalmente, que la prensa amarilla solamente ha de combatirse con el ejemplo, la prudencia, la honestidad y con el deseo de informar objetivamente al público, contribuyendo a la educación e información en general. No a la censura. La inteligencia y sentido común concluyen descalificando el periodismo de poco vuelo que con el disfraz de la información y sin mínimos límites éticos vulnera finalmente el derecho a la intimidad alterando la prosecución de causas de interés público. No deben existir mecanismos previos que cercenen la libertad de prensa. En todo caso, las responsabilidades civiles y penales originadas en la invasión y deformación periodística se harán efectivas después del hecho informado. Sin embargo el Estado y las partes de un proceso penal tienen derecho a que se limite la información de las causas penales durante la instrucción sumarial, máxime cuando se encuentran involucrados menores de edad, debiéndose proteger la intimidad de las víctimas y victimarios. Los jueces han de hablar con sus sentencias. Empero, la dinámica del mundo moderno y la dilación judicial impone la necesidad de hablar antes de tiempo con las limitaciones propias de orden sumarial que tienden a proteger el éxito de la investigación, su imparcialidad y la intimidad de las partes. En el sonado caso del mediático padre Grassi, a quien le comprende también aquello del pez muere por su boca, los funcionarios actuantes excedieron las reglas de prudencia, convirtiéndose en protagonistas principales de los medios televisivos aún antes de ser escuchado el imputado, prestándose a programas impropios a la magistratura; unos y otros, magistrados y periodistas olvidaron el deber de reserva que ha regir en el ámbito del derecho del menor. En tal sentido, exigimos se restaure la ley especial que sancionaba la difusión del nombre de los menores vinculados a una causa penal, que fuera impensadamente derogada en la jurisdicción federal. Mas allá de este aspecto, la violación del secreto merece una severa sanción. Es de esperar que la investigación transite el debido camino, concluyan los escraches de uno y otro bando y los jueces hagan Justicia finalmente poniendo las cosas en su lugar.

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E N C U E S T A
Padre Grassi:
¿Inocente o culpable?




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