Opiniones

14/8/2006

Fuente: La Nación

Diálogo con Héctor Tizón
"La televisión manipula a la Justicia"

El escritor y juez denuncia la "inmadurez política" del país
 

El reconocido escritor y juez jujeño Héctor Tizón está a punto de suspender el dictado de sus memorias, que tipea nada menos que su nieta de 15 años. ¿Por qué? “Porque es una niña muy discutidora. Por ejemplo, me interroga por qué tiene que poner punto y aparte, cuando le digo que lo haga. Y en ocasiones me advierte que le va a contar a su abuela sobre determinado hecho que relato.” Intuye el notable autor de “Fuego en Casabindo” –y se ríe cuando lo dice– que uno de estos días su nieta empezará a cuestionarle los recuerdos.

Tizón luce mejor de salud y con muy buen humor. Tras dos meses en la región de Toscana, Italia, con motivo de la traducción de tres de sus libros –“El cantar del profeta y el bandido”, “La casa y el viento” y “El viejo soldado”–, dice que la gira fue extenuante. Y como resultado de esa larga estada europea siente que “en lo esencial el mundo se ha hecho más pequeño y los fenómenos que nos duelen realmente, nos duelen de la misma manera en todas partes”.

Durante la charla relajada con LA NACION este narrador que se define un narrador de fronteracomo un "ejemplar de frontera" cuestionó el poder de la televisión que condiciona a la Justicia, la perspectiva europea sobre la guerra, el vacío del exilio, la ventaja de ser fiel a una geografía y el optimismo recuperado en el país.

"La televisión lincha a los que quiere y eso le sirve para manipular a la Justicia, mucho más que los gobernantes corruptos", advierte, mientras reflexiona en voz alta: "¿Qué juez se va a animar a fallar con independencia cuando la gente está en la calle?".

Tuvo, sobre el final de la entrevista, un renglón para el Fondo Nacional de las Artes, al que renunció en forma indeclinable cuando los cargos se hicieron rentados el año último. "Yo dije que renunciaría y lo hice. No fue bien recibido, pero los cargos rentados se prestan a un uso político."

Textos inéditos

Los "Cuentos completos", que acaba de publicar Alfaguara, recogen las historias sembradas por Tizón desde su primer trabajo, escrito en México, hasta el más reciente. Hay varios inéditos. Como por ejemplo los que su editora inglesa, Miriam Frank, colocó en las páginas culturales del diario inglés The Guardian, cuyo original en español nunca había publicado porque su autor había extraviado el original. Hasta hoy.

"Al releerlos descubrí algo asombroso y lo digo: en el fondo de algunos cuentos está el embrión de todo lo que yo escribí después. De manera que creo que en el primer libro de un escritor están todos sus libros. Ya no sólo por la trama, pues siempre estamos matando a Abel o robando alguna mujer como en Troya. Me refiero a algo esencial, que es lo que uno trae puesto."

-¿Con qué se conecta ese algo esencial?

-Tiene que ver más con la forma de decir que con lo que se dice. En literatura lo importante es la forma en que uno narra y no tanto lo que narra. Yo he hecho la experiencia con mis nietos. Un día mi hija me pidió que me quedara con sus chiquitos. Una vez bañados y con los pijamas, se fueron a la cama, y busqué para leerles "Episodios de animales". Pero uno de ellos me dijo: "No, eso no. A nosotros nos gustan los cuentos de boca, no de libros". Me di cuenta de lo importante que es la forma en que uno cuenta. Y a los chicos les interesa porque intervienen. Si uno lo cuenta de dos manera distintas, ellos después piden cuentas.

-En un mundo sin fronteras, ¿cuánto cree que se gana con la fidelidad a la propia geografía?

-En primer lugar, el autorrespeto. Yo no me ando moviendo de un lugar a otro para simular lo que no soy. Además, creo que uno puede llegar a ser lo que soñó alguna vez siendo fiel a un lugar, a una cultura y a una razón de ser. No conozco ninguna gran ciudad que depare felicidad.

-Pero en la migración y el exilio se busca la ciudad.

-El exilio en el fondo es el limbo. No es nada. No es la propia tierra ni la tierra prometida. En el exilio siempre estamos a la intemperie.

-¿Cuál es, de sus personajes femeninos, el que habría deseado que fuera real?

-Doña Teotilde, de "Sota de bastos, caballo de espadas", porque sobre su terca decisión, sobre el sentido de sus raíces, ella se edificó un mundo muy sólido. Ese fue el mundo con mayúsculas mientras fui niño. Más que la obra de Dios, ese mundo era obra de la mujer.

Paciencia democrática

-¿Cuáles cree que son los fenómenos que golpean igual en todas partes?

-Por ejemplo, las deformaciones que podemos padecer aquí por causa del fenómeno de la televisión, que hacen prácticamente imposible el ejercicio de la justicia, son peores en Italia. Allí, además, la TV pertenece a una persona. La televisión lincha a los que quiere y eso le sirve para manipular a la Justicia, mucho más que los gobernantes corruptos. Reemplaza la reflexión de un juez por el grito, por el cacelorazo. ¿Qué juez se va a animar a fallar con independencia cuando la gente está en la calle? Entre gobiernos manipuladores y gente ululante, el juez está arrinconado frente a lo que quieren las masas. Y las masas quieren las más diversas cosas: desde que se haga justicia hasta imponer la venganza, que es su antítesis. Luego están los grandes intereses por detrás que sirven, incluso, hasta para dar golpes de Estado. La democracia siempre es paciente, nunca abdica de la esperanza. En el fondo sabemos que democracia significa turnos. Tenemos que respetar cuando le toca al otro y esperar para no cometer los mismos errores cuando nos toque a nosotros.

-¿Cree que los argentinos lo hemos aprendido?

-No, los argentinos caminamos siempre a tocar a ciertas puertas para solucionar los problemas. Y no nos damos cuenta de que es un problema de estrechez de corazón. Lo que no admitimos, directamente queremos suprimirlo. Esto es producto de inmadurez política, a pesar de todo lo que nos pasó. No alcanzamos a comprender. Incluso le pedimos al gobernante más de lo que puede. Camus decía: "No podemos colgar a 70 millones de alemanes" (N. de la R.: el autor se refiere al nazismo).

-¿Cómo ve al país hoy?

-Peor que hace cinco años no estamos. De manera que hay alguna razón para ser optimista. Afuera nos ven con cierto estupor. Un país que hace un esfuerzo sobrehumano para pertenecer al Primer Mundo de pronto tiene una fuerza íntima para salir a flote. Nos ven llegando a lo que éramos hace 50 años. No es muy esperanzador que estemos como hace 50 años, pero de todos modos estamos mejor que hace cinco.

-¿Cómo ve un hombre de justicia la actual guerra en el Líbano?

-Es una enorme insensatez, más cuando es por parte de gente que ha padecido el genocidio y los campos de concentración. Hoy no es posible equivocarse y hay que apostar sin dudarlo por la paz.

Por Susana Reinoso
De la Redacción de LA NACION


Un narrador de frontera

  • Nació el 21 de octubre de 1929 en Yala, provincia de Jujuy, donde vive. Es juez de la Corte Suprema de su provincia.
  • Como diplomático, entre 1958 y 1962 vivió en México, París y Milán. Entre 1976 y 1982 estuvo exiliado en Madrid.
  • Su primer libro, "A un costado de los rieles", se publicó en México en 1960.
  • Es autor, entre otras obras, de "Fuego en Casabindo" (1969), "Sota de bastos, caballo de espadas" (1975), "La casa y el viento" (1984), "Extraño y pálido fulgor" (1999) y "El viejo soldado" (2002).
  • Su obra ha sido traducida al francés, inglés, ruso, polaco y alemán.
  • Alfaguara acaba de publicar sus "Cuentos completos".

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