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12/8/2006

Fuente: Veintitrés - Año 9, Número 423 (nota de tapa)

EGO TE ABSOLVO
INESPERADO APOYO DE UN OBISPO K
AL SACERDOTE JULIO CESAR GRASSI

Cuando todos los indicios desde la Casa Rosada marcan un apoyo al juicio contra Grassi, uno de los muy pocos obispos cercanos a la Presidencia salió a defender al cura procesado.
 

"Yo creo en Julio." Con esta frase, y en sintonía con las máximas autoridades de la Iglesia Católica argentina, el obispo de Santa Cruz y Tierra del Fuego, monseñor Juan Carlos Romanín, respaldó públicamente al cura Julio César Grassi. Un apoyo oportuno para el párroco de Hurlingham, procesado por la Justicia de Morón por el supuesto delito de abuso deshonesto reiterado y corrupción de menores agravada por su condición de guardador. La causa judicial, que en poco más cumplirá cuatro años, se originó en un informe de Telenoche investiga, en el que ex internos y ex empleados de la Fundación Felices los Niños acusaron a Grassi ante las cámaras. Ahora, cuando por diversas "chicanas" procesales el juicio oral contra el sacerdote se postergó una y otra vez sin contar con fecha cierta de iniciación, el cura espera en libertad el momento de sentarse en el banquillo de los acusados. Los indicios que parten de la Casa Rosada marcan un cauto apoyo al juicio contra Grassi. Por eso causó tanta sorpresa lo dicho por el obispo de Santa Cruz.

Grassi cuenta con el apoyo, no sólo espiritual, de un sector del establishment criollo que, más allá de las donaciones a la institución que supo contener a más de 6.000 niños, paga al pelotón de abogados vip que montó la estrategia defensiva del sacerdote. Y más. El cardenal Jorge Bergoglio es una de las personas a las que Grassi consulta y pide consejos. Ahora también, a poco más de una semana de que la fiscalía general de Morón pidiese la detención inmediata del sacerdote procesado, se sumó a la lista el obispo santacruceño Romanín.

El cura a los largo de su vida tuvo una particular debilidad por el poder: supo cómo tenerlo siempre de su lado. Una premisa que Grassi continúa manteniendo. En medio de este controvertido caso, donde hubo denuncias de amenazas y operaciones de prensa, el obispo que ahora sale en apoyo del sacerdote es una de las voces del poder institucional de Santa Cruz, un territorio que no fue ajeno a esta trama. En El Calafate, donde la Fundación Felices los Niños tiene una obra, el religioso bonaerense también fue denunciado por presunto abuso deshonesto. Hay una causa abierta en los tribunales de Río Gallegos donde Grassi se presentó en agosto del año pasado a una pericia psicológica-psiquiátrica que no arrojó los resultados que él y su defensa esperaban.

Es dentro de ese contexto que monseñor Romanín, miembro de la congregación salesiana, igual que Grassi, y una figura clave en la relación de la Iglesia Católica con el gobierno nacional, salió a respaldar al creador de Felices los Niños.

¿Qué dijo el obispo? Si bien Romanín evitó señalar quiénes y por qué estarían detrás de las acusaciones contra Grassi, aseguró que era "todo un plan muy armado", descalificando las denuncias al afirmar que "se trata de calumnias". Y algo más. Ponderó la labor pastoral del cura, "una persona que dio un testimonio enorme en favor de los pibes pobres, de hecho la obra es incuestionable". Y tras reconocer que está en contacto permanente con Grassi, Romanín declaró a medios patagónicos sobre las imputaciones: "Todo esto hace que no se valorice ni tengamos en conciencia cuando uno hace el bien. Qué ganas de tirar piedras, de molestar, cuando realmente ahí hay un lugar de contención, de educación, de prevencipon de miles y miles de pibes, que están en casi todo el país, inclusive en el exterior". Para el obispos, su apoyo a Julio César Grassi es una cuestión de fe. El le cree. Para el ministerio público fiscal la situación del sacerdote es la contraria. Ellos no le creen nada. Y dicen contar con elementos probatorios que mandarían al cura al mismísimo infierno.

Las palabras del obispo patagónico irrumpen en el escenario complejo de una causa sucia y delicada por los delitos que se investigan. Romanín, en todo su derecho ciudadano, respaldó al imputado. Pero no tuvo en cuenta un detalle: del otro lado hay al menos dos jóvenes que eran menores de edad cuando se abrió el expediente, y que hoy viven bajo el plan de testigos protegidos de la Procuración de la provincia de Buenos Aires. "Gabriel" y "Luis" -no son esos sus verdaderos nombres- denunciaron las presuntas aberraciones de las que habrían sido víctimas. Sus vidas y sus psiquis dependen mucho más que de una cuestión de fe. Dependen de que la causa Grassi se resuelva en la Justicia.

Pero ¿quién es Romanín? En principio, un obispo amigable para el universo K. No por casualidad Néstor Kirchner participó, en enero último, de la ceremonia de asunción del prelado como titular de la diócesis más austral del país. Kirchner abandonó, entonces, su descanso familiar en El Calafate para sumarse a los feligreses que participaron de la celebración en el gimnasio del colegio salesiano Nuestra Señora de Luján, de Rio Gallegos. Romanín fue designado por el papa Benedicto XVI como reemplazante del obispo saliente Alejandro Buccolini, que debió abandonar el obispado por haber cumplido la edad máxima de 75 años, como impone el Código de Derecho Canónico. Buccolini siempre mantuvo buena relación con Kirchner. Romanín va en el mismo camino, con el plus de pertenecer a la misma generación que el Presidente y tener, en algún sentido, un discurso afín al oficial, al recordar su experiencia juvenil en los años '70: "Tengo muchos hermanos que han fallecido, y otros que han desaparecido, somos una generación castigada. Pero nos quedan grandes ideales y deseos de hacer cosas".

Al asumir en el obispado de Rio Gallegos, declaró: "La Patagonia siempre fue una tierra soñada por Don Bosco. Mi vida ha sido marcada por él y trataré de seguir cerca de la gente". Algo que Romanín trató de cumplir a poco de asumir, cuando se acercó al pueblo de Las Heras en medio del conflicto gremial de los petroleros que dejó un muerto, heridos y varios detenidos. El clérigo ofició de mediador entre los trabajadores y el entonces gobernador santacruceño, Sergio Acevedo.

El flamante defensor público de Grassi nació en Sarandí y fue ordenado sacerdote en 1981. En su curriculum se destaca que es profesor de Filosofía, que desde 1985 ocupa cargos eclesiásticos y que ha sido director de la Comunidad Salesiana de Mar del Plata.

Tanto Néstor como Cristina Kirchner nunca nunca defendieron al padre Grassi. Para la administración K es un tema delicado. La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, querida visitante de la Casa Rosada, es la figura pública que más criticó a Grassi, calificándolo, incluso, de "monstruo". Ahora, otro amigo del kirchnerismo, filosetentista y del Sur, salió a bancar al cura procesado. Kirchner, cauto, por ahora, con respecto a Grassi, opta por el silencio.

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E N C U E S T A
Padre Grassi:
¿Inocente o culpable?




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