Opiniones

10/11/2003

Fuente: ambitoweb - Edición 1106

Libro analiza denuncias falsas con uso de prensa

«Probablemente, si pudieran, muchos falsos denunciantes preferirían utilizar un medio de comunicación en lugar, o además, de un juzgado de instrucción. Pero lo cierto es que para la víctima de una falsa denuncia, o de un libelo, la defensa resulta difícil», señala el criminólogo de España Miguel Angel Gallardo Ortiz sobre hechos alarmantes implantados en el país en los últimos 10 años, las «condenas por la prensa» antes de que se pronuncie la Justicia. El caso del sacerdote Julio Grassi es el más notorio, últimamente.

«No son infrecuentes los casos en los que el falso denunciante intenta dar la máxima publicidad a su alcance para la denuncia falsa, por lo que la víctima tiene abiertos dos frentes, el juzgado y los medios de comunicación, o en su entorno profesional, familiar o afectivo por el ataque deliberado a su reputación, prestigio, seguridad jurídica, patrimonio y modo de vida», agrega Gallardo Ortiz.

•Caso Grassi

Repitamos, ¡si lo sabrá ese sacerdote Grassi que hoy debe atender a 6.000 chicos de la calle como un esclavo porque nadie le paga por su gestión y le han coartado hasta la única satisfacción espiritual que tiene quien hace una obra así por designio de Dios y amor a los chicos: verlos, darles la comunión, percibir una sonrisa borrando su tristeza! Una injusta resolución de la provincia de Buenos Aires lo obliga a atender gratuitamente su misión, sin límite de horario, gestionando fondos pero en una oficina y sin ver la obra que creó ni a los niños a los cuales sirve. Los donantes tradicionales se mantienen, pero han menguado los fondos necesarios por las acusaciones falsas e intencionadas del monopolio «Clarín», de un perverso programa «Telenoche investiga», de productores televisivos como Mirian Lewin, Irene Bais y -algo que desvirtúa toda Justicia-por rencillas internas de jueces y fiscales bonaerenses, principalmente de Morón. Le cuesta al sacerdote Grassi recoger nuevas donaciones, instalar alcancías, pedir alimentos a supermercados. Los falsos denunciantes mencionados lo han inmovilizado mucho y frente a la oficina que le han prestado para seguir dirigiendo la Fundación se instalaron carpas de protesta de docentes y empleados de la Fundación Felices Los Niños porque tienen sueldos atrasados de 4 meses. También eso tiene que sobrellevar para que no se le caiga la obra.

Los conceptos transcriptos de Gallardo Ortiz se incluyen en un libro que acaba de aparecer, cuyo autor es el muy bien informado -tiene un noticiero en Canal Plus a las 23- Edgar Mainhard, un hombre con formación en diarios. La obra -ya en librerías-se llama «Bajo sospecha (El denunciante mediático)» y está referida a un personaje singular de la vida argentina y adalid del «mundo de las denuncias», el abogado Ricardo Monner Sans.

«Los movileros -escribe Mainhard en este libro-imaginan a Monner Sans como un aguerrido gladiador que, al igual que Espartaco, decidió enfrentar al poder opresor y no imaginan que Monner Sans, teatral y hábil denunciante, enfrenta los micrófonos y las cámaras para ejecutar una rutina que le ha permitido ampliar su estudio jurídico.»

•Réplica

En Ambito Financiero se llamó «denunciero» a este abogado porque no sabíamos que quienes ejercen la intriga de la denuncia judicial sin pruebas en la mayoría de los casos tienen una denominación dentro de la Justicia. Mainhard explica que se los llama «abogados querulantes».

Sí a este diario le consta que el «querulante» Monner Sans usa la denuncia y medios para su actividad privada. En una reunión de conciliación obligatoria una vez le dijo con fin amedrentador a un directivo de este diario: «Aclaro en reuniones previas como ésta que en los casos en que yo voy a juicio tengo automática repercusión en la prensa...».

De más está contar la réplica que tuvo al intentar asustar, particularmente a este diario con «presiones desde la prensa».

El libro agrega este dato singular: desde 1993, el abogado Monner Sans realizó 128 denuncias (alrededor de 13 por año, más de una por mes). Ahora la izquierda con la cual simpatiza está en el poder y es más peligroso, al extremo de que hace poco tiempo los amigos de Vaca Narvaja y Perdía casi le pegan frente a los Tribunales. Por todo eso bajó su promedio de denuncias. Cincuenta de las efectuadas no tuvieron, por lo absurdo, más de una semana antes de ser rechazadas por los jueces. Otras 49 no duraron como «denuncia» más de 6 meses antes de correr la misma suerte de rechazo por carecer de sentido. Pero no importa, porque cumplieron para su autor el fin de salir en los diarios. De las restantes 29, el «querulante» permanece dentro de las causas, pero generalmente porque se sumó algo más sólido llegado a los estrados por impulsos ajenos a él.

En su libro, Mainhard pone un ejemplo dramático del daño que puede infligir una falsa denuncia.

En el programa televisivo «Punto.doc» -hoy en decadencia, pero de cierta gravitación años atrás- los periodistas Rolando Graña y Daniel Tognetti obtuvieron un supuesto documento de los servicios secretos de Ecuador sobre ese gran invento de «Clarín» que fue el «caso armas».

El juez Jorge Urso y el fiscal Carlos Stornelli (los que pusieron preso 5 meses injustamente a Carlos Menem con acusaciones inverosímiles a las cuales puso punto final un fallo de la Corte Suprema) advirtieron a Graña y a Tognetti que el documento no era verídico y que ya ellos judicialmente habían descartado incorporarlo al expediente del caso.

Pero los de «Punto.doc» decidieron darlo igual por el impacto televisivo que buscaban, fuera cierto o no. Claro, tenían que tener una cobertura. ¿A quién recurrieron? A Monner Sans. Este se prestó a avalarlo, se cuenta en el libro, y salió al aire en el programa televisivo diciendo que «la prueba de la veracidad del documento es el agua del sello del gobierno de Ecuador». Fuera de cámara -se agrega-todo era carcajadas porque se agregaba que esa prueba era falsa y sabiendo que lo era «cerraba el caso armas».

Por las barbaridades con acusaciones falsas que se cometen desde una prensa muchas veces prostituida, el libro es imperdible. El autor, Mainhard, agrega que aportarse clientela para su estudio de abogado puede no ser el fin principal del más del centenar de denuncias de Monner Sans, un hombre semiizquierda. También surge del libro como motivo importante el eventual complejo del letrado «querulante» frente al prestigio de su padre y abuelo, abogados y profesores universitarios. Igualmente actúa siempre como componente de estos casos -patológicos para algunos especialistas en determinadas personas-el afán de figurar en medios escritos y televisivos. Por eso buena parte de la izquierda no acepta a este personaje, que siempre se movió básicamente en función de lo que convenía a «Clarín», que por ello lo mencionaba. Hoy con un gobierno de izquierda y «Clarín» oficialista se le ha cerrado la acción denunciativa posible a Monner Sans, lo que lo debe tener preocupado. Por caso, jamás se le habría ocurrido ponerse junto a las Abuelas de Plaza de Mayo y denunciar a los hijos de adopción sospechada de la directora de ese diario.

En cambio, hizo toda la trayectoria del «caso armas», desde presentar una denuncia con el recorte de un diario. Obviamente del diario «Clarín» y luego que el mismo tema saliera antes muy chico en «La Nación» y primero de todo en un diario peruano de donde fue levantada la noticia para ponerle levadura argentina. También se mencionan las querellas que ha tenido el personaje por su accionar.

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E N C U E S T A
Padre Grassi:
¿Inocente o culpable?




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