Opiniones

7/7/2006

La Torre de Carlotto

Por todos ya es conocida la intensa campaña dirigida por el Multimedios Clarín en contra del Padre Grassi y su obra.

A este colectivo de difamaciones se subíó últimamente la Sra. Estela de Carlotto calificando al Padre Grassi de "personaje siniestro" entre otras aseveraciones de la misma naturaleza, poniendo en evidencia que ya lo juzgó y lo condenó por su cuenta.

Resulta paradójica una actitud pública semejante en quien se presenta ante la sociedad como una luchadora inclaudicable por la total e irrestricta vigencia de los derechos humanos en la República Argentina.

Derechos humanos que incluyen, sin duda alguna, además del derecho a la vida, el derecho al debido proceso, el derecho de defensa y la presunción de inocencia, entre otros.

No perece sensato que quien pretende constituirse en un ícono de la vigencia de los derechos humanos pueda condenar públicamente a un sacerdote, que aun no ha sido juzgado y lo que es peor, todavía no ha podido ejercer su derecho de defensa en juicio.

Ni hablar de gozar de la presunción de inocencia cuando su buen nombre y honor han quedado en manos de semejante prensa y no menos felices opinadores.

Sin embargo, al expresarse así la señora de Carlotto es coherente con ella misma.

Efectivamente:

Seria inocente pensar que dañando la imagen pública del conductor y fundador de la Fundación Felices los Niños no se perjudican todos sus emprendimientos y, por carácter transitivo, se perjudican los beneficiarios de aquellos, es decir los niños, que de hecho terminan siendo el blanco más vulnerable por este tipo de campañas.

Blancos inocentes de una disputa ajena como lo fueron Paula Lambruschini, Maria Cristina Viola, Froilán Vázquez, Juan Barrios, Andrea Ledesma, etc., etc. a los cuales la señora de Carlotto no les dedica ni un minuto de sus públicos recuerdos ni una pared en el Museo de la Memoria... que como todos sabemos resulta una “memoria a medias”.

Siempre he pensado que la historia de la Torre de Babel está mal contada.

Porque si Dios quería penalizar la soberbia del hombre –al que El mismo hizo inteligente- debía saber que con “confundir” los idiomas solo creaba una nueva profesión: la de traductor.

En realidad, Dios debe haber confundido los conceptos, de tal manera que los hombres, al despertar, hablaran la misma lengua pero dando a las palabras distinto significado.

Como le ocurre a la señora de Carlotto cuando se explaya sobre los derechos humanos, mientras de sus hechos y de sus dichos se desprende que está hablando de los derechos humanos “de algunos” o bien, que piensa que “no todos somos humanos”.

Dr. Enrique Alberto Zunini

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E N C U E S T A
Padre Grassi:
¿Inocente o culpable?




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