Opiniones

9/3/2004

Fuente: La Onda® Digital

Graves revelaciones que implican a personas argentinas y uruguayas, así como a medios de comunicación, hace el Dr. Enrique Stola

Entrevista de Héctor Valle

El doctor Enrique Stola, ciudadano argentino residente en la ciudad de Buenos Aires, es psiquiatra especializado en abuso infantil, bien como en sociodrama para lo cual es frecuentemente requerido en distintos países de América y de Europa.

El psiquiatra entrevistado tiene a su cargo, por ejemplo, el cuidado de los chicos -cuyos nombres ficticios, utilizados a efectos de su seguridad, son Gabriel y Ezequiel, que acusaron al sacerdote argentino Juan Carlos Grassi de haber abusado sexualmente de ellos y cuya causa penal sigue tramitándose en los estrados argentinos competentes en la materia.

El columnista de La ONDA Héctor Valle dialogó en extenso, en Buenos Aires, con el reconocido profesional, quien además es delegado a la Comisión Mixta de Salto Grande por el gobierno argentino.

- Enrique, lo bueno de hablar contigo es tener frente a uno la esencia de lo rioplatense, aquella persona de una cultura universalista, enciclopédica y de un compromiso personal y social total y que a su vez se da en distintos ámbitos del quehacer de nuestras comunidades.

Hay un primer aspecto a tratar, esto es, a conocer, que es lo atinente al psicodrama algo no muy conocido y que sin duda requiere una presentación que lo aproxime a más gente.

– Verás, yo estoy en el psicodrama desde el año 1974, siendo estudiante comencé a formarme y es una teoría y técnica que utiliza elementos del teatro y de la psicología para poner en acción un drama, diversas problemáticas, individuales o sociales. La posición que yo en estos momentos tengo y que venimos desarrollando muchos rioplatenses, es la de un socio-psicodrama, o sea, toda situación social que está producida por singularidades, por individualidades, que actúan individual o conjuntamente y, a la vez, todo esto social incide en la configuración de los conflictos individuales. Por eso, cada escena individual o cada escena social, nos remite a uno u otro lado.

Te doy un ejemplo, hace poco, nos fuimos con el psicólogo Jorge Garaventa junto con otra psicóloga argentina a Santiago del Estero. En una tarea solidaria, organizamos muchas actividades con chicos y familiares de abusados, problemas de Derechos Humanos en esta provincia argentina, que tiene una estructura feudal, terriblemente represiva y fascista y allí citamos a un sociodrama público, esto es, una gran reunión, que no sabíamos cuántas personas iban a ir, para trabajar el tema que surgiera, pero había una consigna que consistía en “¿Qué pasa en Santiago del Estero? ¿Qué queremos hacer los santiagueños?” Se pidió autorización a la municipalidad, que fue dada pero fue interesante porque, el mismo día, dieron autorización a la misma hora, un domingo a las diez de la mañana, autorización a nosotros y autorización a la Iglesia Católica en tanto era el mes del misionero, en el mismo lugar. Por tanto, cuando llegamos vimos que estaba ocupado por la Iglesia Católica y con grandes parlantes y grandes cantos religiosos, una cantidad de chicos del lugar.

En Santiago del Estero si lo vas a conocer, vas a ver que todavía se siente la presencial colonial, la presencia del imperio español.

Bueno, una colega santiagueña negoció con la Iglesia y entonces dijimos, bueno, trabajamos menos tiempo, ellos nos prestan los parlantes, con un sistema de audio que era muy bueno y llegaba a toda la plaza, mientras los chicos misioneros daban vuelta a la plaza hablando con la gente y cantando, y en el medio, nosotros haciendo un sociodrama.

En el sociodrama comenzó a juntarse gente, dijimos de qué se trataba, que íbamos a ver qué pasaba en Santiago, que cada uno contara su experiencia y el micrófono fue pasando, de persona en persona. Iban con mayor o menor compromiso político, a veces con experiencia de vida de lo que había sido vivir en Santiago bajo un gobierno como el de “la Nina”,que es la gobernadora, una mujer autoritaria, fascista, corrupta, de lo peor. Bajo un tipo como Azar, que es un tipo que ha participado en toda la represión y ha hecho desaparecer personas y ahora está detenido.

Entonces, fueron apareciendo diferentes relatos hasta que una campesina, que había ido a la ciudad a estudiar y era militante con el campesinado, una joven de treinta años, nos muestra la actitud de sometimiento que tienen los campesinos en Santiago del Estero y que ya está cambiando, dice, pero que la tienen.

Le pido que pase y que nos muestre con el cuerpo esa actitud de sometimiento. Nos muestra la cabeza agachada, los hombros hacia abajo, la mirada huidiza, y nos dice que eso ocurre cuando algún funcionario político o de importancia llega al pueblo y tiene la reunión generalmente con la maestra o directora de colegio, que es otro personaje de poder, en cualquier pueblo de Santiago del Estero y llegan para la época de las elecciones; entonces uno de los líderes campesinos suele acercarse y saludar al visitante, quien luego dice unas palabras y todos vuelven a aplaudir.

De ahí pasamos a hacer la escena que consistía en que el actor político era el Rector de la Universidad de Santiago del Estero, que estaba presente, una docente, también de la universidad, que actuó de maestra, y después estaba la campesina y pedí a gente que era espectadora que pasaran a tomar el rol de campesinos, para lo cual teníamos a quince o veinte campesinos y que adoptaran la actitud corporal.

Entonces, cuando adoptaron la actitud corporal, surgió algo muy curioso y fue que los blancos no la podían adoptar, no podían bajar la cabeza, no podían bajar los hombros, y tuve que ir junto a varios blancos a decirles que hiciera eso, y se reían porque se daban cuenta que la cultura había modelado su cuerpo de otra forma, de ahí que cuando lo logran –veo que todos tienen la misma actitud corporal que la campesina- voy preguntándoles qué sienten con esa actitud corporal. De las veinte personas, unas quince hablaron de humillación, otras dijeron miedo, sometimiento, pero la palabra humillación es la que estuvo ahí presente.

Jugamos la escena, el aplauso, todo como lo había descrito esta campesina y les doy la consigna, bueno ahora ustedes resuelvan como deseen esta escena. Comenzaron a caminar, muy lentamente, y empezaron a cambiar la posición corporal, los que primero cambiaron fueron los blancos y luego los campesinos. Seguidamente, empezaron a mirarse a los ojos, a batir las palmas y aplaudir, aplaudir y la gente que estaba alrededor también comenzó a aplaudir y empezaron a abrazarse y a llorar, diciéndose entre ellos que tenían que seguir en la marcha, esto no puede continuar, tenemos que sacar esta dictadura que aun permanece en Santiago.

Comenzaron a darse cuenta que era la mirada y el abrazo y la acción común lo que podía llegar a producir un cambio. Cuando yo observé esto, dije bueno, no todo está perdido en Santiago del Estero. Seguramente, en los próximos tiempos, si tomo esto como un diagnóstico social, van a ocurrir muchos cambios a raíz de la acción de la gente; de hecho ya ha comenzado a ocurrir.

Así que esta es una muestra de lo que es el sociodrama. Estamos planificando con otro colega el ir a trabajar con Evo Morales, en Bolivia, y con el Chato Peredo, que es el hermano del Inti y el Coco Peredo, que lucharon con el Che. Para ir a trabajar con la comunidad, para ver qué quieren los aborígenes, qué quiere la comunidad indígena, cómo lo piensa hacer técnicas sociodramáticas, algo así como que ellos puedan apropiarse de alguna tecnología que les sirva para dialogar y elaborar mejor lo que tiene que ver con sus derechos y con su responsabilidad en la nación boliviana.

- Enrique, justamente quise comenzar por el sociodrama porque intuía la importancia del mismo que viene de la mano del compromiso y con él, el surgimiento o resurgimiento de la consideración del otro, del diferente, del excluido. Porque parece ser, según criterio no sólo mío, sino en mi tierra que es la nuestra, que hay una suerte de totalitarismo vigente en la región, por el lado del control mediático. Que atiende a un manejo sesgado de la información que está en el aire y entonces van creando otra realidad, por ejemplo en mi ciudad de Montevideo, realidad que no conoce acciones importantes, sean de la Argentina como del Brasil, y terminan hasta los propios controladores mediáticos, creyéndose esa realidad que han inventado.

Consecuentemente, con el paso del tiempo, habrán de producirse cambios sociales, en democracia, importantes, pero que no habrán de tener la preparación suficiente en la gente para asumir las consecuencias de ellos. Y, parece ser, el sociodrama una vía muy importante para comenzar a que fluya otra información más allá del rumor que es lo que funciona cuando uno no tiene acceso, a través de la prensa, a la información completa e irrestricta.

¿Cómo viene todo eso soterrado en otra área que tú también incursionas desde hace mucho tiempo, en una problemática como la del abuso infantil? Algo que es una herida abierta siempre y en todo lugar, pero en nosotros particularmente. ¿Cómo lo vives tú?

– Mirá, con respecto a la información, en la Argentina se da este fenómeno que dependiendo de la región hay mayores o menores niveles de libertad y sobre todo de compromiso. Por ejemplo, podés tener una provincia como la de Santiago del Estero y la de San Luis, en donde los medios están totalmente controlados por el Estado, o sea que la información que circula es muy reducida, o podés tener ciudades como la Capital Federal en donde puede haber medios que son bastante totalitarios y hay informaciones que no la sacan, aunque sean informaciones fuertes, por ejemplo el mismo diario La Nación Argentina, que es un diario muy serio, un diario que no me agrada en absoluto pero sé que tiene una buena diagramación, buenos periodistas, etcétera.

Por ejemplo, el caso Grassi, que es del cura acusado de abuso, el cura mediático más famoso de Argentina, y yo atiendo a los chicos que acusaron al cura. Del caso este no saca nunca nada, aunque lo hayan intentado matar al pibe, el día que lo intentaron matar al pibe, a la principal víctima, esa noticia no existió para La Nación, no existió.

Por eso digo que al diario La Nación jamás le voy a otorgar ninguna entrevista; alguna vez escribí algún artículo para ellos pero ni La Nación ni Canal 9 en Argentina, ni otros medios dirigidos por Haddad, Moneta, por Mariano Grondona, Ámbito Financiero de Ramos, todo un séquito de siniestros personajes que ideológicamente están en la derecha, no importa demasiado, pero es una derecha siempre afín a cualquier actitud totalitaria y es una derecha racista, una derecha que funciona en relación a los intereses de los blancos y que trata de mantener el control, pero no lo logra.

No lo logra, porque a la vez hay excelentes periodistas en todos los medios con un fuerte compromiso social y que no se someten a estos personajes. Entonces, esto es lo bueno que por ahí tenemos en Buenos Aires, que hay muchos periodistas con la fuerte consciencia del ejercicio de la libertad y que no se someten a ninguno de los imperios que hay, llámese grupo Clarín o el grupo de Hadad o lo que sea.

Por otro lado y por otro lado, con respecto a los chicos y la situación de abuso, en este caso en el que estoy que es un caso bastante paradigmático porque es una denuncia contra el cura más famoso de Argentina, que surgió en la época del menemismo, que es expresión de la cultura menemista, que es defendido por intereses económicos como el grupo Soldatti y otros grupos, que es defendido por la derecha, que es defendido por este siniestro personaje que es el fiscal Moreno Ocampo, que es el fiscal internacional, de la Corte Internacional, que es aquí, en la Argentina, defensor de un cura acusado de abusos.

Entonces, la sociedad argentina, cuando surge esta denuncia, se dividió un setenta por ciento de la gente le creía al cura, un veinte por ciento le creía a los chicos y un diez no sabía qué hacer. Esto es como cuando alguien, un chico, denuncia al abuelo o al padre, en donde el grupo familiar no lo puede creer. Se da el mismo fenómeno y se arma un lío terrible dentro del mismo grupo familiar. Aquí, en el caso Grassi, se armó en el país.

Ocurre que la víctima termina siendo el culpable por hablar, por decir. Aquí, como me decía un periodista, se dividieron los medios de comunicación como se dividieron, a raíz de esta denuncia, la sociedad se partió. Fue, gracias a la información, a las bestialidades cometidas por este cura, a las bestialidades cometidas por sus abogados, fue cambiando la percepción de la población y hoy un setenta por ciento le cree a los chicos; este tipo ya está condenado socialmente. Ahora sí, es un psicópata que trata de romper toda regla.

Una cosa siniestra y grave dentro de este fenómeno es que los chicos han recibido atentados, y la principal prueba que es Gabriel, que hoy es un jovencito de veinte años, emancipado, sin familia, sin nadie que lo cuide, muchas veces me ha dicho: “Hubiese sido preferible callarme la boca. Yo no sabía que lío se iba a armar, yo creí que la Justicia iba a actuar rápidamente y si hoy tengo que recomendar algo es que nadie hable, porque no quiero que la gente pase lo que yo pasé.”

Es terrible como mensaje, es terrible, pero es lo que hoy siente el pibe, y yo cuando lo veo sufrir también me digo para qué habrá hablado pobre pibe, porque hoy mientras el cura tiene sus monjas que lo cuidan, todavía puede encontrarse con chicos. Goza del respeto de su Iglesia que, corporativamente, no ha dicho absolutamente nada. A nosotros nos recibió Monseñor Laguna, que nos atendió muy respetuosamente, pero Monseñor Bergoglio, el papable que tenemos en la Argentina, ni siquiera se dignó a darnos una respuesta en el pedido de audiencia que le hicimos.

El pibe se encuentra solo. El otro día me decía: “Doctor, no sabe cómo extraño que alguien me abrace, encontrarme con mis amigos y que me diga vamos a tomarnos una birra, si salgo con una chica que le tengo que decir tengo un problema resulta que Grassi me abusó. Preferiría no haber hablado” Y entiendo perfectamente que este pibe prefiera eso a haber hablado. Nosotros tenemos conocimiento de otras personas que no se han atrevido a hablar contra el cura, porque la campaña hecha por Hadad, Ámbito Financiero, Canal 9, fue muy efectiva en cuanto a producir miedo y que nadie más hablara.

A la vez, el efecto social que tuvo esto fue que muchísimos chicos abusados por docentes, por sus padres, comenzaron a hablar y aumentaron las consultas por la temática de abuso en el campo de lo social. Esto es una cosa buena que tuvo y que hoy el pibe Gabriel, con su sufrimiento, no lo puede dimensionar.

Gabriel tiene problemas de sueño. No se quiere dormir porque tiene pesadillas. En la pesadilla aparece el cura en un gran estrado acusándolo, y él siendo el culpable. Esto es lo que viven los pibes que han sido abusados y hablan. Se sienten los culpables y los responsables. Gabriel además se siente responsable porque las personas que lo hemos apoyado, hemos sufrido consecuencias por apoyarlo y hemos tenido largas discusiones ideológicas para llegar a que más o menos se entendiera, desde lo racional, no desde lo afectivo, que nosotros decidimos jugarnos por lo que consideramos justo. Que es una decisión nuestra y no una imposición de él hacia nosotros y que nos bancamos las consecuencias que pueden ser y que aquí se están jugando en términos de vida o muerte, con este caso.

Pero, bueno, él se siente culpable. Gabriel aceptó meterse en un programa de protección de testigos, en este momento, solamente para no crearnos preocupación a nosotros y para que yo pudiera tener mi custodia personal, que el abogado también pudiera tener su custodia y que mi familia estuviera protegida. Por eso, él decide estar ahora en este programa, que es como estar preso, mientras el cura se mueve con total libertad.

Así que en la problemática de abuso nos encontramos con otra situación y es la cantidad de colegas que desconocen esto, lo que es el abuso sexual y dan mal las orientaciones. Es preferible no meterse en el tema de abuso sexual, si no se conoce. Y después tenemos los otros colegas, ya sean psiquiatras, psicólogos y abogados que son desde una cuestión de género, desde una cuestión ideológica y/o por intereses económicos, son aliados de los abusadores.

O sea, un abusador de clase baja, puede ser rápidamente llevado preso y condenado. Un abusador de clase media y clase alta, inmediatamente encuentra los casos como para que esto no ocurra.

Ustedes en Uruguay tienen un caso, el de Juan Diego Borges, un abogado que está en CTM (Comisión Técnica Mixta de Salto Grande) acusado de abusador, no puede ver a sus hijos, no puede un tío de él que también pertenece a la Justicia, también tiene prohibido ver a los chicos y tiene el amparo del Partido Colorado. Esta persona está libre todavía y la Justicia no ha hecho absolutamente nada.

Este es un caso que en la Argentina nos hemos enterado y seguramente cuando haya un racconto de casos en América Latina, este es uno de los casos que va a surgir porque tiene el amparo también político, por eso el individuo puede seguir cumpliendo funciones en CTM Salto Grande.

– Quedé en silencio escuchándote y recordaba las expresiones de un judío alemán, Max Horkheimer, uno de los fundadores de la Escuela de Frankfurt, quien hablaba del anhelo de Justicia, en una visión propia de la religión, no de creencias. Decía Horkheimer de la importancia de saber de la propia finitud y siempre apelar a que llegue una Justicia reparadora y para ello nada mejor el compromiso propio y cotidiano del hacer en el presente para el porvenir.

Estos casos son aberrantes, pero también no son el reflejo, uno no quisiera que lo fueran, de la sociedad del mañana, porque parecen preanunciar, al ese chico haberlo divulgado y al encontrar en ti y en ustedes el apoyo psicológico, psiquiátrico, jurídico, y humano, fundamentalmente humano, preanuncian un mañana mejor, no sé si todo lo bueno, pero mejor sin duda en nuestra región. Y, quizá, es un momento cuando todos esos tipos de mafias cobren una relación más acorde a su hediondez, la gente comience a darse cuenta que si hablar va a apagar monstruos y va a apagar pesadillas que no tiene por qué soportar.

– Yo quiero decirte que junto con el abogado Juan Pablo Gallego que es un joven y brillante abogado de unos 38 años, hemos logrado una modalidad de intervención que es novedosa en el Poder Judicial, no sólo aquí sino internacionalmente, según lo hemos hablado con colegas. Y es que no aceptamos, absolutamente nada que vaya en contra del interés del niño. No nos importa que la Corte Suprema diga “tal cosa”, la peleamos. Si tenemos que llevar y esconder al chico, lo hacemos. Nos enteramos que hay una situación escandalosa en el Poder Judicial o nos enteramos que hay alguna maniobra para perjudicar al niño, inmediatamente presentamos la denuncia ante el Juez, ante el Defensor de Menores, ante el Fiscal de Turno, ante varias personas, de tal forma que nadie pueda “cajonear”.

Inmediatamente damos a publicidad. Hemos hecho una red de periodistas, en donde damos a publicidad lo que ocurre y les vamos pasando información. Entonces hoy, los jueces y fiscales que actúan ajustados a Derecho, no hay problema porque es justamente lo que nosotros queremos: que se actúe ajustado a Derecho. El problema es con quienes no quieren que se actúe así: actúan según los intereses de Opus Dei, actúan según los intereses de los abusadores, según los intereses económicos, según los intereses de la plata que cobraron por legalizar una adopción que no se hizo correctamente. O el tráfico de chicos, o la prostitución de chicos.

Cuando esos personajes actúan en función de esos intereses y no ajustados a Derecho, nosotros actuamos y actuamos con firmeza. Esta es una modalidad de intervención novedosa porque cuando nosotros hacemos el informe a la Corte Suprema de Justicia sobre un chico, le digo, bueno, señores esto es la situación psicológica y social del chico y del grupo familiar, luego pongo “Algunas consideraciones”, y ahí digo todo lo que pienso. Y después pongo “Indicaciones” y ahí detallo, por ejemplo: “Mi indicación es que no se debe acatar lo que dice la Corte Suprema porque esto afecta la salud del niño, 2 – si hay algún profesional que, desde el criterio de obediencia debida en el Poder Judicial acata en contra de los criterios médicos y psicológicos esta orden, va a perjudicar a los chicos y lo vamos a denunciar penalmente y lo vamos a denunciar públicamente. Le tienen pánico a la publicidad, le tienen pánico a la prensa, son mediocres que se asustan y entonces a estos mediocres que no se ajustan a Derecho y que se asustan con la prensa, los tenemos que públicamente, permanentemente.

Precavernos de los mediocres y precavernos de actuar bajo “obediencia debido”. Lo ético es no acatar, fundamentar por qué no se acata, fundamentarlo jurídicamente, hasta que alguna apelación rinda resultados y rinde resultados. Porque siempre se encuentra en la Justicia gente honesta, jueces jugados que no les importa los intereses, se encuentran fiscales, se encuentran peritos, con los cuales apoyar, pero para encontrarlos muchas veces hay que establecer fuertes resistencias hasta que uno los encuentra.

Al final costó trabajo el culminar este encuentro que propició una entrevista, pero que en realidad fue la charla, café mediante, que continuó, con el tema de la Justicia y su real aplicación en el mundo y, especialmente, en nuestros países, particularmente, establecía el doctor Stola, el Uruguay, y aquellos cambios inevitables para el esclarecimiento de hechos que hacen a un pasado doloroso pero que muchos pensamos el presente debe obrar en pro de una fuerte ética que apele al respeto total e irrestricto de la Justicia, sin actitudes serviles que atenten, una vez más, contra los que menos pueden buscando que opere, otra vez, la lógica del dominio que, en nuestro caso, implica la lógica del olvido.

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E N C U E S T A
Padre Grassi:
¿Inocente o culpable?




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