Opiniones

26/10/2002

Fuente: Revista Noticias

Un hombre en la encrucijada

La historia Grassi, el muchacho que tuvo que elegir entre su novia y Dios, y entre Laguna y Menem
Marcelo Larraquy -Investigación: Gustavo Hierro y Pablo Perantuono

De su veta artística, de sus años estudiando teatro con Guillermo Ben Hassan, de sus ensayos espirituales y piezas de dramaturgia que garabateaba en su adolescencia, Julio César Grassi (44) forjó una veta mediática que nació a principios de los años noventa. Pero ese vuelo por el aire de los medios, donde el padre desplegaba sus alas con elegancia y soltura, y que le serviría para construir una obra solidaria monumental para la felicidad de los niños, no comenzó por una invitación a los almuerzos de Mirtha Legrand (75) ni por sentarse en el sillón de Susana Giménez (57). Increíblemente, su despegue, su manera de darse a conocer, fue por una denuncia contra un pai umbanda de Paso del Rey, al que Grassi acusaba de captar a menores para su secta y de violar y descuartizar a una preadolescente de trece años. Y así lanzó su prédica justiciera desde un espacio radial que conservaba en el Obispado de San Justo. Para odio de los umbandas, Grassi decía que no había diferencias entre matar a una persona y “matar animales y desparramar la sangre”, y puso el dedo en la llaga en lo más profundo del rito afro-brasileño.

¿Quién era Grassi entonces? Un cura anónimo, ordenado salesiano y dispuesto a ayudar, a recolectar niños de las estaciones de trenes para darles refugio, alguien que se preocupaba por el aislamiento que sufrían los enfermos de lepra, que entregaba su tiempo para formar adolescentes en el Aspirantado salesiano de Ramos Mejía. Su misión pastoral lo había llevado a montar a caballo por los campos de Santa Fe, para asistir espiritualmente a peones y agricultores, y también a enfrentar el frío patagónico, donde ofició de cura párroco de la iglesia salesiana de Río Grande, Tierra del Fuego. Durante esos años, Grassi, lejos del poder y de los negocios, sentía que vivía de acuerdo con el lema que había elegido cuando fue ordenado sacerdote, en octubre de 1987: “Ser el Padre de los que no tienen Padre”.

Para entonces ya era profesor de Filosofía y Ciencias de la Educación, y también enseñaba las Ciencias Sagradas, pero llegar hasta ese punto, y aferrarse como un ciego al amor de Dios, no le había resultado sencillo. Una novia de la adolescencia fogosa, también mimosa -él lo admitió-, lo emplazó a definirse en esa encrucijada brutal entre lo terrenal y lo divino -“¡O Dios o yo ...!”, le dijo-, y el joven Grassi, quien meditó su decisión en el altar de la parroquia de Banfield, sintió como un flechazo en su alma... y eligió el amor divino.

El vuelo. Luego de su diatriba contra el pai umbanda, en aquel invierno de 1991, se inició su derrotero por los medios: el padre Grassi denunció amenazas contra su vida y se refugió en La Casita, un hogar de adolescentes de Paso del Rey que estaba a cargo del sacerdote italiano Elvio Mettone, y en el que Grassi era el encargado de formar espiritualmente sólo a un grupo de jóvenes.

En medio de la tormenta mediática, y aprovechando la ausencia de Mettone, el padre dijo que era el responsable del hogar, cuando había sido... el último en llegar, pero el primero en aparecer frente a las cámaras. Esa actitud le valió el disgusto del resto de los sacerdotes, y de allí a abandonar la orden de los salesianos, y la propia Casita, hubo sólo un paso. En 1992, Grassi empezó a conducir “La Manga”, por Radio Rivadavia, y a fuerza de voluntad y carisma personal, fue parte del elenco semiestable de los programas de Mauro Viale (55), convocado para hablar de lo que fuera, y también se ganó la gracia de Bernardo Neustadt (77), quien estaba en la cumbre, por entonces.

Cómo llega el padre Grassi a cautivar al poder, a seducir a empresarios, a acomodarse con bríos en la farándula y a poner, de un día para el otro, la piedra basal de su monumental fundación, parece un cuento de hadas. También puede decirse que el cura apareció en medio de una encrucijada menemista, también brutal, y resultó vencedor. Una suerte de héroe accidental. Todo depende de cómo se lo mire, o se lo cuente. Pero es verdad que entre aquel curita salesiano que la emprendía contra los umbandas suburbanos hasta éste, que de golpe se convirtió en el “cura estrella” del superministro de Economía Domingo Cavallo (56) -y que incluso llegó a sentarse en una reunión de Gabinete en la residencia de Olivos para exponer sus ideas sobre la acción social, en una acción promovida por Cavallo, como posible candidato a ocupar la Secretaría de Desarrollo Social-, medió poco más de un año. Y esto es lo sorprendente. Desde una perspectiva divina puede pensarse que Grassi fue una obra del inglesito Daniel Radcliffe, el protagonista de “Harry Potter”.

Pero no fue sólo su mágica varita la que lo hizo volar por el poder, los negocios y los medios. En 1993, el padre Grassi pendulaba entre dos polos de tensión: entre Menem y el obispo Laguna, su superior de la diócesis de Morón, y entre el ministro Cavallo y el intendente Rousselot. Por qué: Menem había desactivado el Instituto Forestal Nacional -Ifona-. Era un predio de 65 hectáreas ubicado en Hurlingham, a metros del Camino Buen Ayre, que quedaba a la deriva. De esas tierras fértiles, Rousselot quería inventarse un country. Grassi, quien les echó el ojo cuando visitaba a Laguna -vivía justo enfrente-, quería hacer una fundación. Cavallo, para no regalarle poder a Rousselot, le regaló las tierras a Grassi para que haga su obra de bien. Menem, seguramente feliz, aceptó la resolución porque sentía que con ese acto le tapaba la boca al obispo Laguna, su crítico más feroz. Para que el proyecto arrancara con ímpetu, y cerrar el moño, el ministro de Economía derivó del arca pública 5,8 millones de dólares y los puso en manos del padre Grassi, quien, las mil veces que pudo, siempre se lo agradeció, a Cavallo y a Menem. Lo que se dice lealtad menemista.

Ese año 1993, Grassi conoció el poder y, a partir de allí, siempre fue, apareció o figuró donde estuviera la plata. Si la plata se llamaba Alfredo Coto, Perez Companc, Santiago Soldati o Mariano Grondona -y sus respectivas señoras esposas, todas sonoramente benéficas-, allí estaba Grassi, construyendo su nombre propio y recolectando para los niños huérfanos y desamparados. Y en base a su insistencia y creatividad, a su pujante ambición, a fuerza de mostrarse en los medios y pedir donaciones privadas y al Estado municipal, provincial y nacional, la felicidad se fue extendiendo. Al hogar de Hurlingham, le sucedieron hogares más pequeños en Chacarita, José León Suárez, Ezeiza, Santiago del Estero, Chaco, Formosa, San Juan, Santa Cruz, donde los niños reciben abrigo, comida y formación espiritual, mientras se educan en un colegio polimodal, trabajan en granjas, se capacitan en talleres artesanales, se curan en centros de salud, despliegan su arte en una escuela de teatro, juegan al fútbol -el editor Julio Ramos (67) suele ser DT de los menores- y hasta instalaron una panadería que vende a buen precio el pan casero, y que también lo regala a otras fundaciones eclesiásticas de menores recursos, como por ejemplo La Casita.

En el cenit de ese esplendor, la obra del padre Grassi recolectaba de todos lados: en las cajas de Supermercados Coto, en las casillas de peajes de las autopistas o discando los números telefónicos de la pantalla de Susana Giménez. Y acá debería hacerse un punto porque quizá la relación con ella y su séquito fue su maldición. La caída. El padre Luis Farinello siempre dijo que Grassi era generoso con sus chicos de Quilmes, y que de vez en cuando le mandaba un camioncito con pan y comida. Pero como hombres de la Iglesia, cada uno cumplía papeles diferentes. Farinello, con el ADN tercermundista del padre Carlos Mugica, critica el poder (e incluso intentó cambiarlo en su fallida incursión política). Grassi, en cambio, crecido en la fe de los noventa, sonríe junto a los poderosos y les pide subsidios para su fundación.

Conocida la detención, Farinello salió a remarcar las distancias, con “profundo dolor”: “Yo tengo un estilo distinto, trato de que los pibes coman aunque sea polenta. Los chicos de él comían muy bien comparados con los míos, están bien vestiditos, es otra cosa, pero eso a veces se paga. Relacionándote con gente poderosa, también te ganás enemigos. Cuando hablaba con ‘Julito’ le decía ‘no te juntés con el novio de Susana Giménez, Cavallo, Menem, Galimberti... qué le importa a esa gente de los pobres. Vos comés con ellos, te sacás fotos... lo nuestro es distinto”. Y un acto de comprensión hacia Grassi como ser humano, Farinello, que quizás algún día renuncie al celibato, continuó: “Siempre hay pecado. El cura es un hombre, con todas las canalladas de los hombres. Se puede convivir con la fe y el pecado. Conozco a gente de profunda fe que tiene debilidades que no puede superar...”.

Su debilidad por recaudar dinero hizo que Grassi se asociara con Susana Giménez, su novio, Telefónica, Jorge Born y el ex montonero Galimberti, en un extraño y explosivo cóctel de entretenimiento, farándula y negocios. Así Grassi se metió en medio de una guerra electrónica entre grupos de poder, pero siempre decía que lo hacía pensando en la felicidad de los niños. Su emblema ya no era tanto “ser el Padre de los que no tienen Padre” sino “hacer negocios no es pecado”. “¿Aceptaría la donación de alguien que mató?”, le preguntaron. “Si el dinero proviene de un negocio legítimo, sí”, respondió. Pero esta vez no hubo cuento de hadas, ni varita mágica ni Harry Potter que a Grassi lo salvara. Luego de aguijonear una causa judicial contra Hard Communication por “administración fraudulenta”, emprendió la batalla contra ese grupo. Pero luego de un intenso raid mediático, Grassi prefirió no ser parte de la querella y llegó a un acuerdo extrajudicial por U$S 1.200.000. El juicio continuó y el fiscal Eduardo Marina, en su alegato, señaló que no había existido delito alguno, porque la supuesta víctima (Grassi) no lo ameritaba. Así, los responsables de Hard Communication lograron ser absueltos por los camaristas. Ahora le toca al padre Grassi responder por sus pecados.

Link permanente a este ítem

E N C U E S T A
Padre Grassi:
¿Inocente o culpable?




Ver resultados
(Luego de votar cierre la ventana)
Comienzo encuesta: 21/12/2008