Cartas


Cadena de Oración
por el Padre Julio César Grassi

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De: Horacio Castro

Fecha: 8 de agosto de 2009

Asunto: ¿Qué más?


¿Qué más se puede decir sobre esta injusticia que llamamos causa Grassi?
De tres acusadores dos se evidenciaron como mentirosos y relataron -con “pruebas” testimoniales y periciales subjetivas- catorce o quince delitos inexistentes, absolutamente falseados.
El tercer denunciante "con el mismo tipo de pruebas y las mismas pericias utilizadas para intentar probar las falsedades", logra crear una duda (imprecisión de fechas y horarios) judicial sobre dos delitos tan increíblemente aberrantes como un “piquito” y una “felaciòn” que habrían motivado que a sus 13 años (en 1996) se produzca la inversión de sexualidad que actualmente presentaría, (aunque de su puño y letra se conoce que por algunos motivos recurrentes, a esa edad, ya era rechazado por sus compañeros en la Fundación).

Todo tendría que haber terminado con un fallo absolutorio, pero no podemos dudar del cumplimiento judicial formal que dio lugar a una contundente presentación en la actual instancia de revisión.
Es significativa la descalificación que alcanza al abogado que cumplía funciones de vocero de CASACIDN.
LOS INTEGRANTES DEL TRIBUNAL ORAL RESOLVIERON:

TRANSCRIBIMOS:
La acusación procuró humillar al Padre Grassi más que a Jesús.
¿Dónde está el violador serial? ¿Dónde el pedófilo entre miles de niños y niñas? ¿Quién es homosexual?


Para no hacer esta carta demasiado extensa iré directamente a la actitud que mantiene el Padre Grassi ante circunstancias tan difíciles.

Admiro su templanza al
- no señalar enfáticamente que ya durante la quinta audiencia del juicio oral se leyeron tres documentos de “la Iglesia” críticos hacia él; uno correspondiente a Cáritas que menciona una supuesta falta de organicidad de Grassi -a quien se define como "un francotirador clerical"- con la red de caridad eclesial; otro correspondiente a un mensaje del obispo de Morón, Monseñor Justo Laguna, de octubre de 2002, en el que objeta la utilización de Grassi de algunos medios de comunicación y otro con un texto del Padre Elvio Metone, fundador del hogar La Casita, que menciona una maniobra supuestamente irregular para trasladar a un menor de La Casita a la Fundación Felices los Niños. (Esos escritos poco y nada tienen que ver con la naturaleza de los delitos que se atribuían al Padre Grassi, pero sin embargo llegaron a la acusación).

- no hacer leña con quien tuvo que pagar a la Fundación peso sobre peso, cuando no se pudo perpetrar un despojo, ante la valiente actitud del sacerdote. (Llegado el momento mucho más podrá decirse y probarse sobre lo que realmente constituye una conspiración o complot que, en este caso como en muchos otros, no es preparado minuciosamente sino que se va potenciando con agentes infecciosos oportunistas).
Admiro su templanza al mantener:
- que ninguna jerarquía eclesiástica le ha soltado la mano;
- que desde esa jerarquía lo ayudaron;
- que no lo denunciaron (en cuestiones administrativas ajenas en el Hogar de Chacarita) en momentos en que el juicio oral iba acumulando pruebas a su favor;
- que considera aclarado el episodio donde un comunicado de autoridades eclesiásticas difundió cierta confusión sobre parte de su obra (Hogar en Chacarita), cuando los Jueces estaban por producir el veredicto que todavía lo afecta;
- silencio sobre la caridad cristiana que han manifestado personalidades de la Iglesia ante hechos probados de promiscuidad, protagonizados en los últimos años por obispos con consecuencias devastadoras para la feligresía católica, y que ahora no impiden que sacerdotes imprudentes soliciten públicamente que al Fundador de Felices Los Niños lo envíen a prisión pese a que no hay sentencia firme y a que se encuentra ante una absolución definitiva en ciernes. (Hermanos sacerdotes piden que “lo metan” en una cárcel. Al inocente. Y así adhieren a la lamentable opinión de otro sacerdote rector universitario).
- prudencia al no enfatizar su condición de sacerdote “inextorsionable” que por no tener nada malo que ocultar se presenta sin temores ante todas las instancias judiciales argentinas y otras que puedan corresponder.

¿Serán sucesos desgraciados como el que aflige a los católicos acerca del ex obispo de una diócesis uruguaya (que con dignidad denunció a sus extorsionadores), los que originan algún temor en nuestra Iglesia impidiéndole pronunciarse sobre el ciudadano sacerdote Julio César Grassi inocente de todos los delitos por los que se lo ha acusado?



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E N C U E S T A
Padre Grassi:
¿Inocente o culpable?




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